"Tal vez no viví en mí; tal vez viví la vida de los otros”: Pablo Neruda

Latinoamérica ha engendrado a grandes poetas que nada tienen que envidiarle a los ingleses, franceses o alemanes en relación con su habilidad por la creación.

Editorial Esténtor

2020-07-19
Ciudad de México

La obra de Neruda titulada “Confieso que he vivido” ha sido retomada por partidarias del feminismo para desacreditar al autor. Esto, luego de que la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de Chile propusiera cambiar el nombre del aeropuerto de Santiago por el del ganador del premio Nobel de Literatura.

"A raíz de la propuesta del aeropuerto, han salido dos temas fundamentales: por una parte, la violación que él mismo cuenta en sus memorias y, lo otro, la relación con su única hija, Malva Marina", explicó a BBC Mundo Fernando Sáez, secretario ejecutivo de la Fundación Pablo Neruda.

La historia de la hija del poeta aparece en un relato novelado llamado Malva, de Hagar Peeters, en el que se cuenta que la niña nació con hidrocefalia y murió tan sólo ocho años después, abandonada por su padre. Cuando se difundió la historia, en 2016, la Fundación que preserva el legado del autor respondió asegurando que la separación fue de común acuerdo y que “Neruda fue a ver a su hija la última vez que pudo hacerlo, en 1939, en el último viaje que pudo hacer a Europa para embarcar a los republicanos españoles en el Winnipeg”. Darío Oses, director de la Fundación, desmintió punto a punto las acusaciones que Peeters vertiera contra el poeta, concluyendo que “el antinerudismo es ya una tradición, y como en este caso, muchas de las imágenes anti-Neruda se construyen en gran medida haciendo abstracción de las condiciones del momento, simplificando los hechos y, a veces, con un sentido oportunista”.

Mario Amorós, autor de la biografía "Neruda. El Príncipe de los poetas", opina que "la interpretación que se hace actualmente de los lazos con Malva Marina descontextualiza también las circunstancias de la época. (...) Tras separarse de su esposa holandesa, él sigue con su vida en Chile y va a México, pero no abandonó a su hija. Tampoco fue el mejor padre, eso es indiscutible. Pero en el mundo de aquella época eran las mujeres las que se encargaban de cuidar a los hijos y los hombres se desentendían de las tareas domésticas", opina. “Curiosamente, los que recuerdan esas cuestiones olvidan la dimensión humanista de Neruda, una persona cuya poesía y cuya vida son una cima de la literatura y del compromiso político", asegura.

En lo que respecta a la supuesta violación, en un par de párrafos de sus “Memorias”, Neruda recuerda un encuentro, en su pasado como joven diplomático en Ceilán -actualmente Sri Lanka-, con una mujer pobre:

"Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama", narra. “El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia", concluye.

Mark Eisner, autor de "Neruda. El llamado del poeta", la más reciente biografía sobre él, señala que "uno de los hechos más llamativos sobre ese relato es que estuvo allí desde 1974 y nadie se cuestionó, hasta hace unos años, qué era, en realidad, lo que se contaba allí".

Estamos pues, ante un intento de juicio moralista para intentar desacreditar a Pablo Neruda debido a su afiliación política. Querer hundirlo por un pasaje de una supuesta violación y una carta de un supuesto desprecio y abandono a su hija, de las cuales ni siquiera existen más pruebas que lo relatado por el propio Neruda, es un torpe intento por querer demeritarlo, por querer dejarlo en el olvido histórico, pues si de algo no queda duda es de que el poeta fue fiel a sus convicciones políticas, y las defendió a capa y espada, hasta el final de sus días. Ése es el fondo de tanta polémica contra Neruda.

Latinoamérica ha engendrado a grandes poetas que nada tienen que envidiarle a los ingleses, franceses o alemanes en relación con su habilidad por la creación. Entre ellos, quizá el más grande es Neruda, quien afirma, precisamente en el mismo libro -y que curiosamente no retoman las feministas-: “Me tocó padecer y luchar, amar y cantar; me tocaron, en el reparto del mundo, el triunfo y la derrota, probé el gusto del pan y el de la sangre. ¿Qué más quiere un poeta?... Y si muchos premios he alcanzado, premios fugaces como mariposas de polen fugitivo, he alcanzado un premio mayor, un premio que muchos desdeñan pero que es en realidad para muchos inalcanzable… he llegado a ser poeta de mi pueblo”.

Así que, sea cual sea el nombre que se le dé a ese aeropuerto, que francamente no me importa, los invito, queridos amigos, a leer -para quienes no lo han leído- y a seguir aprendiendo y recitando al poeta comunista, sin miedo a confesar que lo leen y lo siguen, pues Neruda fue un poeta que escribió no sólo del amor de pareja, sino también del amor por la naturaleza: sobre el mar, la tierra, los montes, los valles; sobre los sentimientos del hombre, sus furias, sus penas y sus alegrías. Y, quizá lo más importante, por su inmenso amor a la humanidad, que lo llevó a afiliarse al Partido Comunista de Chile para luchar por un mejor mundo. Es pues, no “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma” por sus dotes literarios, sino el más grande poeta por su compromiso plasmado en las muchas vidas que salvó como embajador.