¿Por qué debemos defender la ciencia?

Queda claro que AMLO tiene un desconocimiento abismal acerca de la relación entre la ciencia y la política.

Romeo Pérez Ortiz

2020-07-05
Ciudad de México

La historia nos ha enseñado que en los tiempos de guerra, pandemia o crisis económica, la humanidad ha recurrido a la ciencia para su sobrevivencia. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro británico, Winston Churchill y el secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, Iósif Stalin, ambos recurrieron, respectivamente, a la ayuda de los científicos Alan Mathison Turing, Ígor Kurchátov y Andréi Kolmogórov, entre otros científicos británicos y soviéticos reconocidos, para salvar a su patria. Para que la humanidad pudiera curarse de la tuberculosis, el sarampión, el cólera, etc., tuvo que invertir dinero, tiempo y esfuerzo en la investigación que permitió la creación de antibióticos y vacunas. En los periodos de crisis económicas, la ciencia es necesaria para reorientar la economía de un país. Por tanto, en los momentos más críticos, es cuando el gobierno en turno debe invertir más dinero a la ciencia, la innovación y la tecnología.

En estos momentos de pandemia y ante la inminente crisis económica, la misma fórmula debería aplicarse en nuestro país; es decir, con la ayuda de un paquete económico aprobado por el Congreso de la Unión, los científicos mexicanos deberían dedicar más tiempo a la investigación destinada a crear vacunas y medicamentos y a analizar con más atención la realidad mexicana para diseñar un plan económico que aminore los problemas que se avecinan.

Por ello es preocupante que, a estas alturas de la pandemia, no se haya creado en México un proyecto de investigación que, apoyado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), esté destinado exclusivamente a combatir el Covid-19 de forma seria. Estamos esperanzados en los países más avanzados, donde ya están creándose vacunas contra el coronavirus actual. La razón es que en México no hay un interés genuino por parte del Presidente para apoyarse en la ciencia. Al contrario, él mismo desdeña la ciencia, argumentando que ésta no es necesaria para gobernar, para hacer política y cuestiones parecidas. En lugar de creer en los milagros de la ciencia, AMLO cree abiertamente en los milagros de la fe, de los amuletos y de los remedios caseros.

Queda claro que AMLO tiene un desconocimiento abismal acerca de la relación entre la ciencia y la política; no sabe que la ciencia es tan indispensable para la política como ésta para aquella. Que la ciencia es el cerebro de la política y ésta, a su vez, el corazón de aquélla. Que las dos dependen una de la otra y son inseparables. Que si la ciencia muere, la política también, y viceversa. Solamente entendiendo esta relación dialéctica entre la ciencia y la política, comprenderemos que sin la participación activa de los científicos en la construcción de un proyecto nuevo y superior al que propone el partido gobernante, no habrá bienestar para todos los mexicanos.

El señor Obrador no comprende, o no quiere creer, que el método científico creado por Galileo Galilei y René Descartes es “el ingrediente” indispensable para combatir la pandemia, la pobreza y la desigualdad. Él mismo se niega a aceptar que en la ciencia descansa la salvación de la humanidad; que gracias a la ciencia, el hombre puede conocer la realidad física para transformarla en pro de todos los mexicanos. No ha comprendido todavía que la ciencia ha servido al hombre para encontrar su felicidad y bienestar.

Pues bien, esta finalidad de la ciencia es la que debemos defender los científicos mexicanos y ninguna otra, si queremos que México avance por el camino del progreso. Para lograr este objetivo es necesario que adoptemos una actitud crítica y científica ante los problemas que van surgiendo, y tomemos una postura que beneficie a la humanidad en su conjunto; que los científicos pensemos y lleguemos a la misma conclusión de que para salvar a la humanidad de la pobreza y la desigualdad es urgente y necesaria la creación de un nuevo proyecto de nación en el que se incluya un reparto más equitativo y equilibrado de la renta nacional.