Una consigna presidencialista

Este enfrentamiento ha sido la punta de una hebra que ayuda a caracterizar las corrientes en Morena, su vigencia dentro de la vida política actual y en la historia de las luchas electorales no tan recientes; permite avizorar más choques internos.

Redacción

2020-07-05
Ciudad de México

No es la primera vez que pasa a primer plano la existencia de diferentes corrientes o tendencias políticas en el interior del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena); en estos días, esa diferencia se puso de manifiesto con el reciente enfrentamiento entre el investigador y académico de la UNAM, John Ackerman Rose, activista confeso del actual gobierno, y el coordinador en el Senado de la bancada morenista, Ricardo Monreal Ávila. Por lo que se ve, Ackerman está dispuesto a restallar el látigo presidencial cuando alguno de sus correligionarios deje de obedecer la consigna –muy evangélica, por cierto– lanzada por AMLO a principios de junio: “conmigo o contra mí”.

No es casual que la norma de obediencia en las filas del morenismo se haya esgrimido enérgicamente contra Monreal hasta el punto de exigir su remoción como coordinador de la bancada del partido en el poder; él es uno de quienes han criticado algunas decisiones del primer mandatario y, además, se atrevió a conceder una entrevista periodística a quien había exhibido el probable enriquecimiento ilícito del intelectual sistémico y su esposa, Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, Secretaria de la Función Pública.

El historial político de Monreal es bien conocido por todos los morenistas, muchos de los cuales vienen del mismo rumbo y coinciden en sus trayectorias. De cualquier modo, este enfrentamiento ha sido la punta de una hebra que ayuda a caracterizar las corrientes en Morena, su vigencia dentro de la vida política actual y en la historia de las luchas electorales no tan recientes; permite avizorar más choques internos en el partido hegemónico en el corto plazo; y descubrir las dificultades que enfrenta Morena tanto para elegir una dirección como para constituir un partido en toda forma, con los requisitos políticos e ideológicos indispensables para ello. Las dificultades que se avecinan por estos choques son ineludibles en las elecciones federales y locales de 2021.

AMLO no es el único factor de unidad, como algunos piensan; más bien parece que la única posibilidad de que el morenismo siga en pie es que cada una de estas corrientes fuera consecuente con su denominador común, su extracción de clase, y para alcanzar sus objetivos obedecieran ciegamente, como hasta ahora, al caudillo, y no contradijeran jamás al Presidente de la República; es decir, reconocieran de una vez por todas, que el viejo presidencialismo al que estaban acostumbrados no ha muerto.