Invadiendo el mundo (III de III)

El documental Invadiendo el mundo es una denuncia contra el orden socioeconómico de EE. UU.

Cousteau .

2020-06-28
Ciudad de México

En Invadiendo al mundo, Michael Moore, con mucha solvencia narrativa y utilizando el humor cáustico que hace más eficaz su cometido de contrastar lo que ocurre en Estados Unidos (EE. UU.) y en los países de Europa que invade con la supuesta encomienda del Pentágono, nos introduce en Francia a través de la discusión entre tres cómicos, dos estadounidenses y uno francés. Éste pregunta a sus colegas: “Ustedes, los norteamericanos, ¿qué le han dado al mundo además de George Bush?”. Los gringos contestan: “La comida china”. Esa comida es de China, el francés contesta. “La pizza”, reviran los gringos; ésa es italiana, dice el galo. “La chimichanga”, insisten los gringos; “es mexicana”, contradice el francés. Los cómicos gringos preguntan al francés: “Y ustedes los franceses ¿qué le han dado al mundo? Éste contesta: “La democracia, el existencialismo y la ‘mamada’”.

Luego, de forma más seria, Moore nos lleva en su filme a una escuela de Normandía, una de las regiones más pobres de Francia. Ahí Moore convive con profesores y educandos, enfocando su narración en los alimentos que el centro escolar da a los niños. La comida francesa es considerada una de las mejores del mundo, pero no solo por el sabor sino por su calidad nutritiva. Tal es el caso de los alimentos que reciben los niños de esa escuela. Mientras éstos almuerzan, Moore les proyecta un video de la comida que consumen los niños gringos: pizzas, hot dogs, burritos y todo tipo de comida “rápida” o de “chatarra”. Cuando pregunta al cocinero de la escuela primaria normanda qué piensa de lo que comen los niños de EE. UU., aquél dice: “Nunca he comido una hamburguesa. Eso no es comida, pobres niños gringos, comen muy mal”. Moore destaca en su filme que Normandía es una de las regiones más pobres de Francia y que quienes administran el comedor escolar gastan mucho menos que las familias estadounidenses que compran comida “chatarra”. Francia es uno de los países europeos donde la atención médica es universal, es decir,  gratuita y para todos los franceses sin importar su nivel económico. Moore nos informa que las guarderías infantiles tienen el mismo carácter universal.

El documental Invadiendo el mundo es una denuncia contra el orden socioeconómico de EE. UU.; y cuando Moore compara lo que pagan los franceses y los estadounidenses en impuestos, el resultado es muy desventajoso para éstos, porque aportan mucho más y, lo que es peor, algunas de esas cargas impositivas no son transparentes. Los contribuyentes estadounidenses comunes llegan a pagar hasta el 60 por ciento de sus ingresos y buena parte de esas aportaciones fiscales se destinan a los gastos militares de la súper potencia.

Moore hace una comparación entre la educación sexual que se imparte entre los adolescentes de la Unión Americana y la europea. El resultado es desastroso para los gringos, ya que, debido al conservadurismo reaccionario de la mayoría de las confesiones religiosas en EE. UU., se promueve la “abstinencia sexual” y las consecuencias de ésta son fatales. En Texas, por ejemplo, la tasa de embarazos en adolescentes es el doble que en Francia y siete veces superior a la de Suiza.

Con ese método comparativo, Invadiendo al mundo desnuda la profunda descomposición del modelo de libre mercado estadounidense, cuyos adalides presentan como un “paradigma” para las naciones más “avanzadas” del planeta. Pero el filme de Michael Moore exhibe la verdad al poner en evidencia que, en educación, alimentación, salud y la atención a las necesidades sociales más prioritarias EE. UU. no es ningún modelo a seguir y que, en todo caso, es más bien un modelo de injusticia, arbitrariedad y opresión.