El racismo no es normal

¿Es válida la crítica y la comedia? Claro, porque son necesarias. Sin embargo, es importante que eleven su calidad.

Luis Josué Lugo

2020-06-28
Ciudad de México

El programa de Chumel Torres en HBO fue cancelado. Sin embargo, continúa con otros, entre ellos El Pulso de la República. Es decir, hay un sector de la población que se identifica con su ideología, chistes y comentarios. Algunas personas incluso lo consideran “comunicador” o “crítico político”. Este apoyo refleja una dura realidad nacional: clasismo, racismo, discriminación interiorizada en varios ciudadanos.

Existen datos que acompañan tal afirmación, pues según la Encuesta Nacional de Información sobre Discriminación (Enadis) 2019, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), “el 53.8 por ciento de la población consultada dice haber sido discriminada por su apariencia física…”.

Entonces, los chistes que Chumel aseguró haber aprendido desde pequeño en la televisión (sin duda en cadenas como Televisa, donde era o es común que se ridiculice a los “nacos”, “indígenas”, “mujeres”, “gays”, “activistas”), parecen proyectar una parte del inconsciente colectivo mexicano.

El psicoanalista Federico García Serrano nos recuerda que los elementos esenciales del humor para Sigmund Freud son: “a) la inhibición: represión de pulsiones internas; b) la representación: confrontación con un referente de la vida psíquica; c) el sentimiento: interiorización del placer”.

Entonces, lo que se inhibe en México es una población (los “nacos”, los “indígenas”, etc.) que es estereotipada por una clase o raza socialmente aceptada y fuerte que siente placer al ridiculizarla. Cabe mencionar que en Twitter, Chumel tiene dos millones siete mil seguidores.

Pero hay que aclarar que “no es normal” hablar de gente “naca”, ni hacer apología de la violencia de género, ni ofender a alguien por su aspecto físico como suele hacerlo Chumel.

Este cómico ha dicho que “no tiene que cambiar el humor y no voy a cambiar. No creo que lo esté haciendo mal, la verdad. No sé si suene egoísta pero da risa, la gente se ríe y ya”. Al tratar el tema del kitsch político, el politólogo Martin Plot denunció que en las democracias actuales se da a los ciudadanos la información que quieren escuchar, sin importar la baja calidad de ésta.

¿Es válida la crítica y la comedia? Claro, porque son necesarias. Sin embargo, es importante que eleven su calidad y tengan como referentes a muchos personajes de la satírica que hicieron crítica política históricamente.

Ahora bien. Tampoco “es normal” que este asunto sea “invisibilizado” por la Presidencia de la República y las instituciones que deben atenderlo. No es válido que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) declare que no conocía al Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred) y que solo se enteró de su existencia debido al problema con Chumel.

Entre otras funciones, el Conapred realiza la encuesta nacional de discriminación en México y está atento al uso del lenguaje y las prácticas racistas en los medios de comunicación. “Una de las acciones más visibles del Conapred es la emisión de resoluciones e informes por actos de discriminación y, en dado caso, establecer medidas administrativas y de reparación contra servidores públicos federales, poderes públicos federales o particulares, que cometan alguna acción u omisión discriminatoria”, precisa el portal digital Infobae.

Si existe interés en democratizarlo, lo primero que debe hacerse es un diagnóstico de su funcionamiento para elaborar propuestas y mejorarlo. Pero no es conveniente pensar en desaparecerlo, porque sería peligroso quitarle la voz a un órgano cercano a la sociedad civil que escucha las necesidades de las personas con mayores problemas de atención.

Además, los tiempos actuales exigen que ascienda la calidad del discurso y el debate para construir una democracia donde los diversos puntos de vista favorezcan acuerdos o disensos que no deriven en el denuesto, la descalificación o el enfrentamiento inconciliable.

Esto aplica para jefes y funcionarios del gobierno, aunque también para los medios de comunicación, sobre todo a los comerciales para que mejoren sus contenidos y narrativas. La población podría hallar la oportunidad de renovar el humor de personajes como Chumel o Adal Ramones (quien lo defendió), mediante el hallazgo de los jóvenes creadores que necesitan espacios de expresión para proyectos elaborados con mayor inteligencia y sensibilidad social.

El humor es una representación del inconsciente colectivo, pero no es inocente.