La fuerza ANTI AMLO y las protestas en EUA

Los movimientos que buscan capitalizar la efervescencia de la fallida política de la Cuarta Transformación son los grupos más conservadores del país.

Francis Martínez

2020-06-02
Ciudad de México

Todos los que creemos en la manifestación pública sentimos emoción por lo que se vive en EUA, sin embargo, debemos ser precavidos. Tristemente en ese país no hay ningún movimiento organizado que canalice la furia social desbordada hacia cambios políticos. Basta recordar que la única fuerza política que representaba un ideal progresista hacia un “socialismo democrático” lo representaba Bernie Sanders, figura política que dejó la carrera presidencial, con lo que prácticamente se selló la reelección del presidente Donald Trump en noviembre próximo, a pesar del desastre político que representa el manejo sanitario y las protestas contra el racismo, tan asentadas en ese país y que cobran nuevo vigor por el caso George Floyd.   

Paradójicamente toda la energía social que se ve desbordada en las imágenes que nos llegan, nos hacen recordar en la protesta más reciente contra el presidente, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, en México, no es que veamos estallidos espontáneos de inconformidad contra la autoridad por la injusticia o el uso arbitrario de la ley o el poder, no, los movimientos que buscan capitalizar la efervescencia de la fallida política de la Cuarta Transformación son los grupos más conservadores del país.

La aparición del denominado Frente Nacional Anti Amlo (FRENA), con sus consignas: “AMLO vete ya”, se plantea una salida equivocada a la ineficacia de la opción política en turno, pues desconoce la legalidad existente. Según el Artículo 86 Constitucional,” el cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia”. Con la fuerza del voto masivo que llevó desde las urnas a Palacio nacional al hoy mandatario, el grupo deja de lado cómo el desconocer al presidente de la República es prácticamente ponerse fuera del marco legal imperante.

Estas protestas, de los que varios medios y analistas han hablado, transmitieron sus fobias al comunismo (que no representa AMLO ni por accidente y que muestra intolerancia política) además de la particularidad “fifí” de la protesta (todos en sus autos), haciéndose presente en varias ciudades y llamando a desconocer al presidente, López Obrador, no advierten que la investidura no puede quitarse a gritos y sombrerazos. Algunos de sus seguidores llaman incluso a destituir, por el voto, a los integrantes del poder judicial, vaya visión de la política.

Ciertamente que los garrafales errores políticos del gobierno federal actual aunado a las precarias condiciones en las que viven las mayorías, no descartarían que el pueblo comenzara a oponer resistencia. Sin embargo, ese pueblo es el que está ausente de esta convocatoria que emerge a la luz pública buscando capitalizar la inconformidad cada vez más creciente entre los mexicanos derivado de las fisuras ideológicas y errores pragmáticos de la Cuarta Transformación. La experiencia internacional ha dado pruebas de hacia dónde conducen estas aventuras, la ira social, ha abierto la puerta a grupos conservadores para colocar su agenda tendiente al golpismo más que una lucha política auténtica, como ocurrió en Brasil y otros dolorosos casos en AL.

El riesgo es mayúsculo porque si estos movimientos contribuyen a enrarecer y polarizar el control político hacia la manifestación y organización, no solo ellos serán los afectados, sino otros grupos sociales con bases muy amplias que no se han declarado fuera de la legalidad. Hay que recordar que al presidente le basta calificar cualquier disturbio como “condiciones extraordinarias” para movilizar al Ejército y a la Guardia Nacional contra el objetivo, algo de lo que también vemos en Estados Unidos.

En el caso de las protestas referidas en suelo mexicano, no dejan lugar a dudas sobre la falta de claridad de sus banderas más allá de la destitución del presidente López Obrador, aunque seguramente veremos otras incursiones políticas y finalmente tengamos ante nosotros la cabeza de playa rumbo a 2021, aunque se adelantan ya a algunos de sus exponentes: Gilberto Lozano, Pedro Ferriz, Rafael Loret de Mola, Juan Bosco Abascal, de una lista de 64 figuras que irán dando a conocer poco a poco.  

“Un principio justo desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército” había proclamado José Martí. En su país, grandes hombres se vieron frente a un régimen, rodeados de hosca soldadesca y amenazantes acechanzas, pero nunca renunciaron en uno de sus objetivos: denunciar las atrocidades de una dictadura. En condiciones más adversas, un movimiento organizado pudo desenmascarar las falsedades urdidas por los personeros a los que se aferraba una clase política en debacle, conocer la anatomía social del país y sus dolores para que, pese los tenebrosos momentos, se pudieran diseñar los derroteros nuevos, siempre y cuando el pueblo tenga cabida y sea protagonista. Nada más, pero nada menos.