“El amor en los tiempos del cólera” de García Márquez

El amor no es más fuerte que los intereses económicos de la clase en el poder.

Editorial Esténtor

2020-05-27
Ciudad de México

Una de las novelas más representativas de Márquez es “El amor en los tiempos del cólera”, escrita poco después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, cuando tenía la completa atención del público gracias a la fama que había alcanzado “Cien años de soledad”. Y la obra cumplió las expectativas; se trata de una aguda crítica a una sociedad -que no ha cambiado mucho en nuestros días- con injustas divisiones sociales, problemas específicos y aristas.

   El argumento es sencillo: una historia de amor no consumado entre Florentino Ariza, hombre sin posición ni fortuna, y Fermina Daza, una joven de familia acomodada. El tiempo transcurre, Fermina sueña con Florentino, lo idealiza; cuando logra regresar a su pueblo, al “moridero de pobres”, donde el cólera ha provocado la muerte de incontables seres y la epidemia es incontrolable, intenta reunirse con el objeto de su amor, pero sufrirá una desilusión al descubrir que Florentino es un hombre sombrío, encorvado y con un extraño aire de misterio. Lo aborrece.

   Mientras tanto, y debido al cólera, regresa a su pueblo natal el notable doctor Juvenal Urbina, hombre educado, noble de alcurnia y uno de los solteros más codiciados. Fermina lo conoce e inicia con él una relación que pronto terminará en matrimonio; su viaje de bodas durará dos años por Europa. Florentino se siente burlado y, aunque intenta permanecer virgen para ella, finalmente busca refugio en las prostitutas, pero conservando la determinación de conquistar a Fermina tarde o temprano. 

   La esencia de “El amor en los tiempos del cólera” no radica, no obstante, en su argumento, sino en el contexto social y político en que la historia se desenvuelve. El cólera es consecuencia de la miseria de la clase trabajadora, es una metáfora de la pobreza. Cuando el autor describe las circunstancias en que se conocen Fermina y Florentino, una epidemia de grandes dimensiones ha dejado miles de muertos en el pueblo; los cuerpos se amontonan y son aventados a los ríos y drenajes y es claro que los cadáveres desechados pertenecen a la masa trabajadora, sin dinero para pagar medicamentos o sufragar los gastos de un funeral.

   Por otro lado, el amor entre dos personas de distinta clase social en una sociedad conservadora es, a todas luces, improbable. Florentino Ariza tendrá que esperar 53 años, siete meses y 11 días con sus noches para que Fermina Daza corresponda a su amor. Mientras tanto, la epidemia continúa visitando cada temporada el pueblo y provocando la muerte de incontables seres ante la indiferencia gubernamental. En esta sociedad injusta, conservadora e insensible, un amor entre dos jóvenes de distinta condición estaba condenado al fracaso.

   Dos conclusiones saca Gabriel García Márquez de ello. Primero: el amor no es más fuerte que los intereses económicos de la clase en el poder. A pesar de todo lo que sentía por Florentino, Fermina Daza acepta apartarse del hombre al que dice amar para casarse con el doctor Juvenal Urbino, junto a quien permanece más de medio siglo. Segundo: la clase que ha ascendido al poder a través de trácalas, malos manejos y engaños está representada por Florentino Ariza quien, empeñado en recuperar el amor de Fermina, habiendo empezado como cartero, hace de todo hasta convertirse en el dueño de la compañía pesquera. El sueño dorado de esta clase son el poder y el dinero, representados en la novela por el amor inalcanzable de Fermina Daza.

   El final es magistral: Muerto el marido, Fermina recibe otra vez las cartas de Florentino Ariza y, a través del hoy olvidado género epistolar, vuelve a enamorarse de él, primero por correspondencia y luego mediante interminables horas de conversación. Ambos deciden embarcarse en un viaje a bordo de uno de los barcos de la compañía de Florentino en el que, lejos de los prejuicios sociales, puedan realizar su amor; un amor que sólo puede existir a bordo y que ellos prolongan indefinidamente. Los enamorados, conscientes de que no podrán realizar su amor en tierra, se suben al bote para no regresar jamás, cuelgan una bandera amarilla (avisando que a bordo viajan enfermos de cólera) para que ya nadie perturbe su amor otoñal.

   La novela está ambientada en Cartagena de Indias, Colombia, una ciudad que “seguía siendo igual al margen del tiempo: la misma ciudad ardiente y árida de sus terrores nocturnos y los placeres solitarios de la pubertad, donde se oxidaban las flores y se corrompía la sal, y a la cual no le había ocurrido nada en cuatro siglos, salvo el envejecer despacio entre laureles marchitos y ciénagas podridas”.

   Sin duda, García Márquez, con su agudo genio literario, creó bellas historias en las que los sentimientos humanos logran sobreponerse –aunque no siempre– a los más profundos males de la sociedad, entre ellos, por supuesto, la división en clases sociales.