La 4T en un callejón sin salida

La decisión del Presidente es definitiva: nada puede tener prioridad frente a sus megaproyectos ni merece ser escuchado o considerado como una posible alternativa.

Redacción

2020-05-03
Ciudad de México

Nuestro Reporte Especial analiza esta semana la grave situación por la que atraviesa la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex), su problemática, cuyo centro es el desplome del precio del crudo y la reducción de la demanda internacional de combustibles. Esta crisis en Pemex se agravará con el avance en la construcción de una nueva refinería y la negativa del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) a postergar la realización de esta megaobra para destinar recursos al rescate de la economía nacional y al combate de la pandemia, que afecta a millones de mexicanos.

Son fuertes y convincentes los argumentos de analistas, empresarios y de algunos mandatarios locales que proponen que el Gobierno Federal suspenda las cuantiosas inversiones en los megaproyectos del sexenio y conceda prioridad a la asignación de recursos para atender los efectos de la crisis en la economía del país, rescatar a millones de mexicanos sin empleo y destinar los recursos indispensables para enfrentar la pandemia que se extiende por todo México.

La crítica de los analistas se ha centrado en el proyecto de la refinería de Dos Bocas por su inviabilidad técnica, social, económica y ecológica; pero los hechos son más contundentes que los “profundos y bien fundamentados argumentos” de los especialistas en el tema (para usar las irónicas palabras del Presidente).

Hechos como la elevación de los costos, el desplome de los precios, la reducción de la demanda internacional de combustibles, la descalificación crediticia de Pemex y la insuficiencia del sistema nacional de salud pública frente a la pandemia del Covid-19, que en dos meses llegó a su tercera fase, fueron ignorados; lo mismo que los razonamientos, las conclusiones lógicas y las recomendaciones más sensatas, que no lograron convencer al gobierno de la 4T de variar su posición respecto a sus colosales proyectos.

La decisión del Presidente es definitiva: nada puede tener prioridad frente a sus megaproyectos ni merece ser escuchado o considerado como una posible alternativa. ¿A qué se debe tal obstinación frente a las advertencias de los expertos en el tema? Algunos estudiosos atribuyen esta rígida actitud a una causa política. La realización de las obras del sexenio, de los megaproyectos, tan cuestionados desde su planteamiento inicial, constituyen la única posibilidad de que el partido gobernante logre continuar en el poder. Sus metas trazadas son el principal reto; renunciar a ellas, a su juicio, sería reconocer que se ha seguido por un camino equivocado, que hubo torpeza política, una visión errónea de los más importantes problemas que la realidad planteaba.

El temor de perder seguidores, de que disminuya el número de sus votantes en los próximos comicios, no permite a la 4T aceptar cuestionamientos en ningún renglón de su política económica; se siente obligada a seguir adelante con sus costosos proyectos; probablemente considera que no es de cuerdos reconocer errores y mucho menos enmendarlos; no puede aceptar la alternativa de postergar un solo día sus grandes obras aunque el hambre de millones de familias se prolongue por tiempo indefinido y la posibilidad de contagio sea cada vez mayor.

El gobierno ha entrado, entonces, en un callejón sin salida: tomó una senda que lo conduce al desprestigio y al fracaso; pero sus cálculos políticos y sus miedos lo obligan a seguir adelante.