Política de AMLO contra Covid-19: opacidad y uso electoral

Lo que está presente, es nuevamente la opacidad y el control político, aunque ahora el marco sea la nueva pandemia.

Francis Martínez

2020-04-28
Ciudad de México

Al cumplirse el primer mes de la declaratoria de contingencia por la pandemia de coronavirus SARS-CoV-2, crecen en el país testimonios de quienes, con la ampliación de la contingencia al mes de mayo, reconocen que no podrán enfrentarlo por falta de recursos. Es un problema complejo en donde la cifra real de familias que enfrentan esta contingencia es todavía desconocida, aunque en esta dolorosa realidad nacional asoma lecciones que los mexicanos debemos aprender. Primero, la ausencia de acciones urgentes que eviten brotes de hambruna y dos, la discrecionalidad para su asignación en caso de que lleguen a concretarse.

Veamos. Lo que está ausente. En mi reciente conversación con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, y su director del Programa del Sector Financiero y Seguridad Social, Enrique Díaz Infante, señaló tajante que el gobierno federal requiere aplicar medidas de gran calado y rápida implementación antes de que el país estalle en brotes de hambruna e inestabilidad social, además de medidas fiscales a las empresas para que no pierdan liquidez y evitar así que vayan a la quiebra. Adelanta las cifras sobre el número de personas que van a caer en las filas de la pobreza: al menos 21 millones de mexicanos más, en un país donde las cifras oficiales reconocen a 54 millones en dicha condición. Es decir, centros académicos de gran prestigio en el país también observan que se nota la ausencia de programas de apoyo emergentes para sectores sin ingresos fijos, a través de un programa  nacional de distribución de alimentos, como han propuesto organizaciones con base social en todo el país.

Lo que está presente, es nuevamente la opacidad y el control político, aunque ahora el marco sea la nueva pandemia, en donde solo hay cabida para un héroe, el presidente de la República. Luego de que el gobierno federal anunció que se utilizará el Censo del Bienestar para entregar créditos y apoyos durante la contingencia provocada por el COVID-19, hasta el momento de ese ejercicio que se realizó entre 2018 y 2019, no hay datos oficiales: mucho menos se conoce cuánto costó, a quiénes censó, o detalles de las personas registradas. Incluso la propia Coordinación de Programas para el Desarrollo de la Oficina de la Presidencia, a cargo del Censo del Bienestar, ha rechazado tener información; mientras que la propia Secretaría del Bienestar se contradice al argumentar que a través de respuestas vía transparencia solo esa coordinación tiene datos oficiales.

De esta forma, el método que busca utilizar el gobierno federal está claramente sesgado. Pues los censos de bienestar que dieron como resultado al actual padrón de beneficiarios, no solo no siguieron los criterios rigurosamente técnicos, ya analizados por eminentes doctores en economía (Máximo Ernesto Jaramillo & Julio Bolvinik), sino que terminaron en una operación electoral del que nadie ha pedido cuentas al súper secretario, Gabriel García Hernández, quien es ampliamente conocido como un alfil en la estrategia de control político con el que inició la denominada política del bienestar de la cuarta transformación. El desaseo que rodea ese proceso, que llevó incluso a una sanción del INE, no puede dar garantía en estas horas de tragedia sobre la efectividad con la que llegarían apoyos tan necesarios entre millones de familias que subsisten de empleos precarios o de la informalidad.

Comienza a salir a la luz evidencia de cómo el gobierno viola flagrantemente su investidura, pues mientras se pide mantener la sana distancia y quedarse en casa, los operadores de Morena continúan entregando apoyos de manera selectiva, buscando remojar el tan adverso panorama electoral de Morena en 2021. El caso más reciente de este tipo de casos, se vivió en una de las regiones más pobres del país, en Zacapoaxtla, Puebla, en donde el edil, Ebodio Santos Alejo, entregó despensas alimentarias a personas claramente identificadas por la población al partido gobernante, mientras que afuera del recinto donde se entregaron quedaron atónicos otras tantas decenas de familias que no recibieron estos insumos, vitales para días críticos de la pandemia. Historias  que seguramente se multiplican en el país. Este maltrato a las capas populares y lo faccioso del Estado, el pueblo mexicano ya lo vivió, por ello optó hacia una alternativa gubernamental distinta. Si la asignación discrecional de estos apoyos a partidarios de Morena, a través de funcionarios del ámbito municipal, estatal y federal, continúa, también ahora ese mismo pueblo está en su derecho de reclamar el cambio prometido.