La principal víctima de la pandemia

La clase trabajadora se enfrenta a una disyuntiva: contagiarse de Covid-19 o perder su fuente de subsistencia. Más de 31 millones de mexicanos laboran en la informalidad y solo 26.5 millones cuentan con un empleo formal.

Redacción

2020-04-26
Ciudad de México

Antes de que el Covid-19 llegara a México, el desempleo y la informalidad laboral habían crecido aceleradamente, a pesar de las declaraciones oficiales que al inicio del presente sexenio hablaban de la creación de millones de empleos. La pandemia no hizo más que agudizar los problemas ya existentes y exhibir la incapacidad del Estado para procurar el bienestar de todos los ciudadanos; a su arribo, el Covid-19 puso al descubierto una serie de graves deficiencias que hace mucho tiempo venía sufriendo la sociedad mexicana: carencia de espacios hospitalarios exclusivos para esa enfermedad, falta del personal médico, el equipo y los insumos necesarios, todo en cantidades suficientes; y la inexistencia de un presupuesto destinado a su adquisición.

Al aumentar el número de contagios, otros problemas salieron a flote en todas las ramas de la actividad económica, entre los que destaca la inestabilidad laboral, que afectó a cientos de miles de trabajadores, despedidos cuando la clase patronal aprovechó con astucia las medidas obligatorias de aislamiento social para sacudirse el peso de las cuotas patronales y el pago de sueldos y salarios que podría disminuir sus ganancias.

Esta semana, buzos aborda el tema del impacto de la pandemia sobre la ocupación y el empleo en México. La clase trabajadora se enfrenta a una disyuntiva: contagiarse de Covid-19 o perder su fuente de subsistencia. Más de 31 millones de mexicanos laboran en la informalidad y solo 26.5 millones cuentan con un empleo formal, un contrato de trabajo y la seguridad social prevista en la legislación laboral.

La pandemia afecta a más de 57 millones de mexicanos, víctimas indirectas del Covid-19, pero directamente afectados por una política laboral que no vela por el interés mayoritario; sin haber contraído la enfermedad, unos sufren el desempleo y otros la disminución de sus ingresos por tener que permanecer en casa; y en todos persiste un doble temor: el de un posible contagio ante la imposibilidad de respetar la “cuarentena” o el de perder su empleo sin que ninguna autoridad los proteja o les garantice el respeto a sus derechos laborales y humanos.

Nuestro Reporte Especial recoge estadísticas que hablan de que en poco más de dos meses, muchas empresas han sabido aprovechar la pandemia para deshacerse de sus trabajadores; en este breve lapso se perdieron más empleos que los que se crearon en el primer año del presente sexenio. El punto medular de la estrategia oficial de combate a la pandemia se reduce a permanecer en casa y nada más que a permanecer en casa; pero esta “política sanitaria” no garantiza que los trabajadores conserven su empleo y su ingreso ni asegura la alimentación a quienes respeten el aislamiento. Funcionarios y dirigentes empresariales afirman que tal estrategia es incompleta y que el Plan de reactivación económica, anunciado por el Presidente apenas el cinco de abril, y en el que se contempla la creación de dos millones de empleos en los próximos nueve meses, no toma en cuenta la realidad, que marcha en sentido contrario.