Consecuencias de una absurda política sanitaria

La carrera del coronavirus es muy veloz y las acciones del Gobierno para frenarla, muy lentas. El sistema de salud en México está por debajo del estándar reportado por la Organización Mundial de la Salud, que recomienda un médico por cada mil habitantes.

Redacción

2020-04-19
Ciudad de México

La crisis sanitaria en México no es nada nuevo; el desmantelamiento del sistema de salud pública ya se había denunciado desde nuestras páginas en ediciones anteriores; el gobierno de la “Cuarta Transformación” le vino a dar la puntilla, desapareciendo incluso el Seguro Popular. Las clínicas y hospitales públicos ya se encontraban en crisis antes de que se conociera la existencia de la epidemia de Covid-19 en la República Popular China y antes de que esta enfermedad se convirtiera en una amenaza para todos los pueblos de la Tierra; solo que ahora es más notorio y hasta escandaloso algo que ya se conocía, que ya se había denunciado y contra lo que diversos sectores de la población mexicana se habían manifestado: la desatención por parte de las autoridades, el desabasto, la falta de personal médico, equipo y medicamentos, así como la necesidad de construir hospitales con suficiente capacidad para atender a todos los ciudadanos.

Esta semana, el Reporte Especial de buzos analiza el colapso del sistema nacional de salud; documenta contagios masivos en hospitales públicos en todo el país; recoge la opinión de especialistas e investigaciones realizadas por instituciones que se ocupan de estudiar el avance de la pandemia en México, sus causas y la alta probabilidad de que se convierta en una catástrofe; los especialistas consultados por este semanario concluyen que la causa principal de la actual emergencia es la actitud negligente del Gobierno Federal ante las deficiencias que padece el sistema de salud pública; los oídos sordos prestados ante las advertencias de expertos y hasta de organizaciones mundiales en torno a la necesidad de aplicar medidas urgentes y destinar todos los recursos posibles a proteger de la pandemia a la población.

Desde el principio, la respuesta de la máxima autoridad fue muy poco seria, el Presidente aseguró que “no pasaba nada”; hoy mismo responde que contamos con más de lo necesario, en lugar de ordenar la producción masiva de mascarillas, guantes y equipo de protección cuya falta nos pone en riesgo a todos; ahora, cuando el Covid-19 causa estragos en los hospitales públicos, en los que se han contagiado masivamente médicos, enfermeros y todo el personal de salud, el Gobierno comienza apenas a actuar, anunciando acuerdos con empresarios, hospitales privados y la contratación extraordinaria de personal capacitado.

Después de transcurrido mes y medio del primer caso de contagio, la pandemia ha alcanzado más de seis mil casos confirmados, han fallecido cerca de 500 personas y la cifra crece rápidamente, según informa nuestro Reporte Especial. La carrera del coronavirus es muy veloz y las acciones del Gobierno para frenarla, muy lentas. El sistema de salud en México está por debajo del estándar reportado por la Organización Mundial de la Salud, que recomienda un médico por cada mil habitantes; investigaciones no oficiales reportan que en México hay un médico disponible por cada dos mil habitantes, lo que representa una gran desventaja en el momento actual.

Los gobernantes tienen que ser los primeros en aplicar las medidas elementales para proteger a los médicos, personal de salud y a toda la población; el ejemplo tiene que partir de la máxima autoridad de un país o de personajes públicos con gran influencia; digna de señalar fue la conducta del máximo jerarca de la Iglesia Católica, quien suspendió los eventos más importantes de su liturgia anual para proteger de la infección a sus feligreses. En contraste, las recomendaciones y la conducta de los gobernantes mexicanos, que prefirieron imitar al presidente de Estados Unidos, fueron del todo irresponsables; a pesar de las advertencias, continuaron todo el mes anterior su agenda de eventos masivos y saludos multitudinarios, en los que recomendaban abrazarse y besarse. Con ese ejemplo, esperemos que sea todavía tiempo de enmendar una política sanitaria tan absurda, evitar tantas carencias y más contagios masivos.