El coronavirus en tiempos de la 4T

La posición del gobierno de la 4T raya en lo grotesco, porque al querer evitar consecuencias políticas derivadas de la pandemia, está actuando como si no pasara nada y ésta no provocara decesos humanos y grandes estragos.

Capitán Nemo

2020-03-29
Ciudad de México

En el momento de escribir estas líneas, el coronavirus (Covid-19) se ha vuelto pandemia y traspasado las fronteras del mundo. El fenómeno de la globalización, es decir, la cada vez mayor interdependencia entre las naciones, ha actuado como canal de propagación de la enfermedad. Para detener la pandemia, los países cierran sus fronteras como medida externa; en su interior imponen prácticas de distanciamiento social y realizan fuertes inversiones en sus sistemas de salud. Estas políticas implican la parálisis parcial de sus sistemas productivos y las consecuencias comienzan a resentirse en la caída de las bolsas de valores que, a su vez, aceleran la recesión económica prevista. El parte médico del 19 de marzo reveló la existencia de 220 mil infectados, de los cuales ocho mil habían fallecido. China, que se encontraba en el epicentro de la pandemia, ya está saliendo y ha demostrado la fortaleza de su gobierno y su economía. Otros países, como Italia y España, que tomaron medidas con lentitud, hoy lucen colapsados. El tiempo transcurre y el apocalíptico virus deja huellas funestas en todos lados.

La presencia del virus revive una añeja teoría y propone dos nuevas. La primera, la de la “población sobrante”, ve a las enfermedades epidémicas como un mecanismo natural y deseable para controlar la sobrepoblación mundial. Otra dice que el Covid-19 es una creación de un laboratorio estadounidense con el objetivo de frenar la hegemonía económica del gigante asiático en su disputa comercial; y una última denuncia que las grandes farmacéuticas ven la enfermedad de millones de personas, hoy sanas, como un negocio muy lucrativo. No se descarta, por abominable que parezca, que ante la agonía del sistema capitalista, sus defensores hayan usado el coronavirus para alguno de los tres propósitos enunciados. Lo cierto es que la contingencia sanitaria llegó a México pese a que los funcionarios de la “Cuarta Transformación” (4T), encabezados por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), sostengan lo contrario.

En una de las conferencias mañaneras más recientes, el subsecretario de Salud, al salir en defensa de AMLO, cuando uno de los periodistas lo cuestionó por no seguir el protocolo sanitario, con una zalamería inaudita, argumentó que la “fuerza moral” del Presidente lo libra de ser fuente de contagios. Pocos días después, el propio AMLO dio de qué hablar cuando sacó sus amuletos –un trébol, un billete de dos dólares y una estampita religiosa– para afirmar que está bien protegido contra el Covid-19. Estas anécdotas nos permiten entender por qué la pandemia se extenderá fácilmente en el país; por qué poca gente cree en lo que dice el gobierno en torno a que México está preparado para enfrentar la contingencia y por qué desconfía tanto de su información como de las medidas que supuestamente ha implementado.

Esta administración ha cometido tres errores fatales. Una es no declarar la emergencia nacional; la segunda, no acelerar las medidas de distanciamiento social y la tercera, no cerrar las fronteras. El escenario no pinta nada bien para los mexicanos. La economía ya venía en franco retroceso; la creación del Instituto Nacional para la Bienestar (Insabi) había sido un duro golpe contra el sistema de salud que existía y ahora se desata el coronavirus, que no sabemos a qué niveles de profundidad nos llevará. La posición del gobierno de la 4T raya en lo grotesco, porque al querer evitar consecuencias políticas derivadas de la pandemia, está actuando como si no pasara nada y ésta no provocara decesos humanos y grandes estragos. La economía de México no puede ser comparada ni siquiera de lejos con la española o la italiana, ni muchos menos con la China. En Italia y España, los sistemas de salud están colapsados y el de México lo estaba antes del Covid-19. 

En un país sumido en la pobreza como el nuestro, el distanciamiento social tardío condenará a las clases populares casi al hambre extrema. La gente que vive al día tendrá necesidad de salir a las calles a buscar su sustento; los obreros de la Ciudad de México se aglomerarán en el Metro y, hasta ahora, las grandes empresas no se han pronunciado sobre la posibilidad de autorizar la ausencia de sus trabajadores con el pago puntual de sus salarios. La recomendación de permanecer en casa, si hay síntomas de la enfermedad, no es ningún consuelo; porque si en situaciones normales, las esperas de atención médica en los hospitales es muy larga e inútil, ¿cuánto tiempo habrá que esperar para que acuda a casa el personal de salud? Antes llegará la muerte. 

Finalmente, el tiro de gracia a la economía mexicana no provendrá del coronavirus, sino del gobierno morenista, cuya torpeza e ineptitud serán responsables de las enormes consecuencias sanitarias y socioeconómicas que esta crisis acarreará sobre las grandes capas populares, aunque ya éstas hayan comenzado a reconocer que la principal enfermedad que hoy sufre nuestro país es el gobierno de la 4T y el Movimiento Regeneración Nacional.