Vida cotidiana de los egipcios, de Franco Cimmino (I de II)

Heródoto, el fundador de la historia en Grecia, vio a Egipto como un “don del Nilo” y a sus habitantes como una “libación de los dioses”.

Ángel Trejo

2020-03-22
Ciudad de México

El historiador italiano Franco Cimmino, especializado en egiptología por las universidades de Nápoles, París y Cambridge, cuenta, en este libro, cómo fue que los egipcios que creyeron en dioses con cabezas de animal y momificaron cadáveres para que pudieran resucitar miles de años después; al mismo tiempo, crearon grandes pirámides y el calendario solar más exacto de su época. La explicación que Cimmino ofrece en Vida cotidiana de los egipcios (1974) es sencilla: integraron una población laboriosa y pragmática que supo aprovechar las ventajas materiales del territorio dominado por ellos: las dos fertilísimas márgenes del río Nilo –el segundo más largo del orbe después del Amazonas– y su colindancia con las regiones donde floreció la cultura más brillante de la antigua civilización humana: el noreste de África, Asia Menor u Oriente Medio y Mesopotamia, donde fueron inventados el cero, la rueda, la escritura fonética, el Código Hammurabi y la literatura de ficción, de la que forma parte la novela Gilgamesh.

Cimmino sitúa en los años 10 mil a.C. al periodo preagrícola de Egipto; en el año seis mil ubica a un grupo poblacional mestizo formado con razas negroides (libios y bereberes), europeas y armenoides (asiáticos) y, en el tres mil 150, la primera versión del Estado faraónico, que desaparecería en el año 332 a.C., con la irrupción de Alejandro Magno. La lengua romethi o copto (egipcio en griego) tenía fonética propia; pero su estrecho intercambio con Palestina, Fenicia, Siria, Babilonia y la Península Arábiga –vía los mares Mediterráneo y Rojo– la proveyeron de influencias semíticas que, a partir del Siglo XI a.C., la sustituyeron por el árabe, lo cual se debió básicamente a la expansión del Islam. Hoy el copto solo es hablado por cristianos monofisistas (es decir, no creyentes de la Santísima Trinidad) y continúa escrito con alfabeto griego, porque su escritura jeroglífica o figurativa jamás evolucionó a fonética, aunque hubo un corto escarceo en ese sentido.

Heródoto, el fundador de la historia en Grecia, vio a Egipto como un “don del Nilo” y a sus habitantes como una “libación de los dioses”. En copto se le llamaba Hapi, inundación, para reivindicar su acción fecundadora, y se le representaba como un hombre grueso, con largos cabellos, pechos sueltos y vientre prominente. El Nilo nace en el lago Victoria, formado por el río Kajera, en Burundi. Recorre seis mil 853 kilómetros, salta seis cataratas, cruza 10 países y grandes ciudades –entre ellas Jartúm y Ondurmán (Sudán), Asuán, Tebas, Guiza, Menfis, El Cairo y Alejandría–; y 200 kilómetros antes de desembocar en el Mediterráneo se abre en delta múltiple con canales que irrigan miles de cultivos. Desde hace tres mil años era navegado por barcos de quilla plana de Asuán a Alejandría, con proa y popa, una o dos cabinas y vela; éstos llegaron a medir hasta 60 metros de largo y 20 de ancho y se empleaban para transportar cereales, maderas, metales preciosos (oro, plata, diamantes), piedras y canteras destinadas a la construcción de pirámides, palacios y casas.