De la falta de responsabilidad en los medios a la pandemia informativa del coronavirus

Es deseable que sus coberturas informativas siempre estén respaldadas con fuentes confiables y plurales y que no sean sensacionalistas.

Luis Josué Lugo

2020-03-22
Ciudad de México

Los medios de comunicación desempeñan una función vital en las democracias del mundo, porque brindan información para que los ciudadanos formen sus juicios y tomen decisiones en su vida diaria. Por ello es importante que actúen con profesionalismo, investiguen y se conduzcan con base en una ética.

Los medios configuran una agenda propia, que internacionalmente denominan “agenda setting”, y que los ayuda a destacar, de entre los muchos sucesos que ocurren diariamente, aquellos que conviene a su ideología e intereses.

Por ello es deseable que sus coberturas informativas siempre estén respaldadas con fuentes confiables y plurales y que no sean sensacionalistas. Sin embargo, como han apuntado especialistas del nivel de Noam Chomsky y Ramón Reig, muchos medios tienen fuertes vínculos con gobiernos y empresas y, con frecuencia, caen en el sensacionalismo. 

Lo anterior viene al caso por el tratamiento mediático que se está dando a la pandemia generada por el coronavirus, donde destacan la falta de rigor en la información, el amarillismo de los encabezados y el uso de falacias (argumentos no sostenidos) que pueden engañar a la gente. A este problema se suman las fake news, es decir, las noticias falsas que se propagan a través de las plataformas digitales de Internet, incentivando aun más el pánico colectivo, ya de por sí magnificado por los medios de comunicación.

Estos efectos, como apunta Naomi Klein, impulsan “estados de shock” que, a su vez, propician que la población asuma decisiones políticas de sus gobiernos y los órganos internacionales, ya que ésta desea “salir de la crisis”, al costo que sea, incluida la pérdida de la libertad.

Hay que insistir en que el caos colectivo puede ser potenciado por los medios de comunicación. Por ejemplo, si buscamos en Google noticias relacionadas con el coronavirus (Covid-19), las primeras notas halladas son las siguientes:

“Nuevo León y Aguascalientes confirmaron nuevos casos de coronavirus: suman 43 en México (Ifobae)”; “Madrid supera los 3.500 casos positivos por Covid-19 (El País)”; “Coronavirus: el primer niño contagiado tiene cuatro años y vive en Chaco (El Tiempo)”; “Por coronavirus, restringen entrada de extranjeros a Colombia (El Tiempo)”.

Como puede observarse, los encabezados de estos medios infunden miedo e incertidumbre en sus lectores. Esto se debe a que sus coberturas están orientadas a destacar los puntos negativos del Covid-19. Esto también sucede porque los medios replican informaciones ajenas, no hacen investigación propia, se limitan a buscar encabezados que generen ventas y soslayan su responsabilidad social, sobre todo cuando se trata de un asunto tan delicado como el de la salud de la población.

En lugar de hacerlo de ese modo ¿qué podrían publicar los medios, especialmente los más leídos, que por lo general disponen de los recursos suficientes para realizar por cuenta propia sus coberturas informativas?

Entre las respuestas posibles destaca la práctica de un periodismo de investigación a fondo, que dé voz a los especialistas médicos más destacados en el área epidemiológica, y que esta información médica sea complementada con informaciones adicionales orientadas para que los ciudadanos tomen las mejores decisiones para protegerse de la pandemia.

En consecuencia –y sin desestimar el esfuerzo que algunos medios hacen, a través de plataformas especiales que informan objetivamente del coronavirus, mientras alertan a la gente contra las noticias falsas– es necesario que los ciudadanos tengan una información integral sobre este problema para que entiendan mejor su trasfondo social y político.

Ya es tiempo de que el periodismo de investigación sea una práctica sistemática en los medios de información para que los problemas nacionales o globales como el del coronavirus –y también el ambiental, de la seguridad pública, de la libertad política para todos, etc.– reciban un tratamiento objetivo, profesional y apegado a la realidad.