China, venciendo al coronavirus y ayudando al mundo

El éxito chino deja enseñanzas valiosas. Primero, muestra la necesidad de educar, de formar disciplina, que es educación. Un pueblo que se controla, admite y respeta normas, resuelve problemas graves.

Abel Pérez Zamorano

2020-03-23
Ciudad de México

Lo medios de prensa norteamericanos, considerando a China el enemigo a vencer en la palestra económica, buscan empañar sus esfuerzos y éxitos en el combate al coronavirus. Desde la revolución de 1949 la han acusado de régimen totalitario, violador sistemático de los derechos humanos. Se magnifican las protestas de Hong Kong, presentando a los manifestantes como adalides de la libertad, concebida al estilo americano; se da descarada y desproporcionada cobertura a inconformes del Tíbet, a los uigures, en fin, a todo opositor. Hoy se la acusa de “prácticas represivas maoístas”. El New York Times, 17 de febrero, cuestionaba la “severa vigilancia vecinal” ejercida en la crisis del Covid-19; pero no por un prurito humanista, sino... porque China estaba teniendo éxito.

Involuntariamente, el diario reconoce el mérito gubernamental al describir cómo miles de brigadas de voluntarios desinfectan complejos de viviendas, bajo la coordinación de expertos médicos. En un artículo de Raymond Zhong y Paul Mozur se lee: “El gobierno chino ha llenado las ciudades y las aldeas de batallones de vecinos entrometidos, voluntarios uniformados y representantes del Partido Comunista para llevar a cabo una de las campañas de control social más grandes de la historia (…) Pese al arsenal de herramientas de vigilancia de alta tecnología que posee China, el control lo aplican, principalmente, cientos de miles de trabajadores y voluntarios, quienes toman la temperatura de los residentes, registran sus movimientos, supervisan las cuarentenas y –lo más importante– mantienen alejadas a las personas que llegan de fuera y que quizás porten el virus”. ¡Admirable! El pueblo organizado, disciplinado y consciente enfrenta la pandemia; mientras tanto, los periodistas, como agoreros del desastre, insidiosamente agregan: “Pero los expertos afirmaron que en las epidemias, las medidas autoritarias pueden ser contraproducentes y provocar que las personas infectadas se oculten, lo que dificultaría más controlar el brote”.

Contra su pronóstico, la estrategia tuvo éxito. Se construyeron hospitales de más de mil camas en tiempo récord de diez días (16 en total), como el de Huoshenshan. De Beijing fueron enviados a Wuhan 42 mil trabajadores de la salud, 12 mil de ellos jóvenes médicos de la universidad, con menos de 30 años de edad (puebloenlinea), se controló el movimiento poblacional. La juventud enfrentó el peligro, una juventud con ideales, solidaria, ejemplo a seguir. Como parte de la reacción del pueblo chino, en dos meses se fundaron dos mil 957 nuevas empresas para fabricar mascarillas. El ejército, el partido, científicos de la medicina, urbanismo, sanidad, administración pública, transporte, aportan su esfuerzo coordinado.

Desde enero, en todo el territorio sumaron 81 mil infectados y tres mil 176 fallecidos. Pero hoy, en lo fundamental, el contagio está siendo controlado. El ministerio de Salud reportó el martes 10 solo 19 contagios, todos en Wuhan, capital de la provincia de Hubei; el 14 de marzo, ocho contagiados, la cifra más baja desde enero, cuando empezaron a registrarse datos; el 16 de marzo fueron 16 contagios (12 “importados” y cuatro en Wuhan).

Como evidencia del avance en la recuperación, fueron cerrados ya 14 de los 16 hospitales especiales construidos. Vale advertir que, ciertamente, el riesgo de un rebrote existe, por lo que continúa el programa de emergencia. Permanece la cuarentena en Hubei, aunque paulatinamente se relaja en el resto del país. Aún hay miles de negocios cerrados. Pero una fuerte evidencia de seguridad en que el problema está siendo controlado, fue el viaje del presidente Xi Jinping, el 10 de marzo, a Wuhan, a reconfortar a los pacientes y felicitar por su obra al pueblo y a todo el personal. Ahí declaró que la propagación del virus está “básicamente contenida”. Hay solo 88 personas infectadas en China (país de mil 400 millones de habitantes); todos son casos importados. El hecho fue interpretado por la prensa como “una poderosa señal a todo el país y el mundo de que China está saliendo del momento más oscuro de la epidemia”. ¡Qué mejor defensor de los verdaderos derechos humanos, que un gobierno que está por terminar con la pobreza y que hoy libera a su población de una pandemia!

Luego de controlar la situación interna, China sale en apoyo de otros pueblos. El 14 de marzo envió a Italia un equipo de especialistas y 32 toneladas de medicamento. Anunció el envío de 1.8 millones de mascarillas y 100 mil reactivos a España. Apoya a Irán, afectado por el coronavirus y por las sanciones económicas de Estados Unidos, ¡una plaga sobre otra! A petición del gobierno de Filipinas, colaborará también ahí. El ejemplo y la asesoría ayudan: en las cercanías de Moscú se construye aceleradamente un hospital de 500 camas para pacientes del Covid-19, siguiendo el modelo chino.

El éxito chino deja enseñanzas valiosas. Primero, muestra la necesidad de educar, de formar disciplina, que es educación. Un pueblo que se controla, admite y respeta normas, resuelve problemas graves. Lo estamos viendo. Se revela ahí la importancia vital, literalmente, de educar a la masa, para que sepa defenderse hasta de pandemias. Segundo factor fundamental de éxito es la confianza de la población en el gobierno, su unidad con él, para lo cual este debe ganar el respeto de la mayoría, trabajando para ella, con racionalidad y justicia. Tercero, una conducción científica del gobierno, que sabe qué hacer, forma miríadas de expertos, se pone en sus manos y atiende sus indicaciones. Cuarto, un aparato de Estado eminentemente popular, que trabaja para el bienestar de la población, pone todos los recursos a su servicio, y hoy lo hace con la presteza necesaria y sin escatimar.

Todo esto en marcado contraste con gobiernos que ignoran al pueblo, le regatean el gasto público, lo empobrecen y hambrean, haciéndolo aún más vulnerable a contagios, mientras se ocupan de proteger la ganancia empresarial.

Quinto, resalta el valor de la solidaridad internacional, infinitamente superior al régimen de competencia y enfrentamiento capitalistas. Brilla aquí Cuba, con sus médicos, y aportando generosamente el fruto de sus investigaciones en biotecnología, como el interferón, antiviral usado para combatir hepatitis B y C, hoy utilizado y debidamente valorado por el gobierno chino. Lo produce y distribuye la empresa conjunta BioCubaFarma. Aun bajo el bloqueo, que le impide importar medicamentos y la obliga a producirlos, Cuba se solidariza. Este ejemplo de verdadero humanismo de China, su solidaridad con otros países y la fraternidad de Cuba son sin duda un preludio del futuro de la humanidad, cuando el hombre y no la ganancia ocupe el centro de la preocupación económica y política.