Un libro rojo para Lenin

Dedicado “a Fidel Castro, primer leninista latinoamericano”, Roque se dispuso a dar la batalla ideológica contra el reformismo.

Editorial Esténtor

2020-03-20
Ciudad de México

Roque Dalton fue un poeta y prosista que desde muy joven participó en la vida política de su país, El Salvador. Encarcelado varias veces, fue condenado a muerte en 1960, sentencia que no llegó a cumplirse por la caída del dictador José Maria Lemus López, cuatro días antes de la fecha fijada para la ejecución. Vivió exiliado en Guatemala, México, Cuba y Checoeslovaquia. Después de las derrotas insurgentes de los 60 y los genocidios militares de los 70, de la socialdemocratización y el posmodernismo de los 80, del desprecio del marxismo revolucionario y la cooptación desfachatada de los 90, Roque pensaba que “es conveniente leer a Lenin”, pues estaba convencido de que ahí estaban las claves para la toma del poder. Después, Dalton se integró al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1973. En dicha organización, fue protagonista de una seria polémica interna con el líder, Alejandro Rivas Mira. Al final, fue calificado de “revisionista” y acusado como espía de la CIA, y bajo esos argumentos la dirección del ERP decidió matarlo junto a su compañero “Pancho”, José Armando Arteaga. Este suceso que lo llevó a la muerte, le impidió terminar su obra “Un libro rojo para Lenin”, la cual ha llegado a nosotros inconclusa.

Era el inicio de los 70 y se cumplía el centenario del nacimiento de Lenin, por lo que Fernández Retamar convocó a varios poetas a escribir sobre él. De los muchos trabajos presentados, se eligieron dos, entre ellos, el de Roque, pues él no quería tener que despedirse un día de las letras sin antes rendir homenaje al "hombre más grande de este siglo", al pensador que tanto le había determinado. Así concibió "Un libro rojo para Lenin".

Dedicado “a Fidel Castro, primer leninista latinoamericano”, Roque se dispuso a dar la batalla ideológica contra el reformismo. Esta obra contiene todo su estilo disruptivo, heterodoxo e iconoclasta, con esa ironía tan propia y característica de su escritura, que le ayuda también a reírse o, al menos, a perderle el respeto a los géneros discursivos tradicionales para romper con los clichés y lugares comunes que impidieron durante décadas aprovechar y utilizar el inmenso arsenal teórico proporcionado por Lenin.

Roque combina poemas, relatos, anécdotas y hasta documentos históricos con las instrucciones de Lenin para realizar un sabotaje, emplear una molotov, asaltar una comisaría, construir un ejército revolucionario. Acompañan a Lenin el Che, Fidel, Ho Chi Minh, Antonio Gramsci, György Lukács. En su conjunto, la obra constituye un inmenso poema-collage en el que se integran materiales ensayísticos, biográficos, documentales, poéticos y pedagógicos.

El humor de Roque se convierte en una herramienta para acercarse al marxismo y, en particular, a Lenin, evitando toda momificación que durante décadas aplastó su mensaje rebelde. Así lo definía Ernesto Cardenal: “No es que los revolucionarios sean especialmente serios ni mucho menos, pero es que él era un revolucionario especialmente reidor. Se reía en primer lugar de él mismo. Se reía de cosas ridículas de El Salvador y siempre estaba hablando de El Salvador y es que quería muchísimo a su país, Pulgarcito”.

Considero, al igual que el marxista argentino Néstor Kohan, “que el ensayo-collage-poema inconcluso “Un libro rojo para Lenin”, heredero de Mariátegui y del Che, dedicado a Fidel Castro y dirigido a las nuevas generaciones de militantes por el socialismo, constituye uno de los principales clásicos del marxismo latinoamericano. Debería estudiarse en todas nuestras escuelas de formación política”.