De la Tierra a la Luna (Julio Verne) y la muerte de Mike Hughes

Julio Verne nació en Nantes, Francia, en 1828. Fue un brillante escritor y divulgador de la ciencia.

Daniel Lara Jáuregui

2020-03-08
Ciudad de México

“En el futuro se va a ir a la Luna, se irá a los planetas, se irá a las estrellas, como se va actualmente de Liverpool a Nueva York (…) La distancia no es más que una palabra relativa, y acabará por reducirse a cero”, escribió Julio Verne en 1865 en su célebre obra De la Tierra a la Luna ¿Qué relación hay entre esta obra, la física clásica y la muerte de Mike Hughes el pasado 22 de febrero?

Tras un prolongado periodo de paz posterior a la Guerra de Secesión en Estados Unidos (EE. UU.), los miembros de una asociación armamentista llamada el “Gun Club” deciden dedicar sus esfuerzos a una empresa colosal: disparar un proyectil capaz de llegar a la Luna. Para esto era necesario que el proyectil alcanzara una velocidad inicial de 10 mil 970 metros por segundo y que por cuestiones astronómicas fuera disparado el 1° de diciembre en la ciudad de Tampa, Florida.

Se acordó que el proyectil fuera un cascarón esférico de aluminio de 2.74 metros de diámetro y una masa de nueve toneladas, y que fuera disparado por un cañón cilíndrico de hierro con 270 metros de longitud, fundido al interior de un túnel vertical en un cerro cercano a la ciudad.

Después de casi un año del esfuerzo titánico de miles de trabajadores en la construcción del cañón y el proyectil, un intrépido explorador francés llamado Miguel Ardan pidió permiso al encargado del proyecto para colocarse en el interior de la bala para viajar a la Luna.

Los cuestionamientos que se le hicieron a Miguel Ardan giraron en torno a la falta de agua, víveres, oxígeno, las condiciones climáticas, pero sobre todo, de ¿cómo volvería? Además, de acuerdo con los conocimientos de la física clásica, el mayor problema para Ardan se presentaría durante la aceleración de la bala, cuya velocidad pasaría de  cero a 10 mil 970 m/s en los 220 metros del ánima del cañón, ¡equivalente a casi 28 mil veces la aceleración de la gravedad!, cuando el cuerpo humano solo puede resistir 15. Pero nada detuvo su ánimo y el gran día llegó.

El pasado 22 de febrero apareció, en EE. UU., un nuevo Miguel Ardan: Mike Hughes. Un aventurero estadounidense que construyó un cohete casero propulsado por vapor, donde se introdujo y salió disparado verticalmente hasta ascender a mil 500 metros; desde ahí fotografió la superficie de la Tierra para demostrar que es plana, aunque se dice que esta idea era solo una estrategia de negocios. El experimento salió mal, el cohete cayó de una altura aproximada de 500 metros y Hughes perdió la vida.

Ambos Migueles comparten un explosivo espíritu de aventura, aunque con propósitos distintos. El primero viajó “deseoso de ensanchar el círculo de los conocimientos humanos”, según Verne y el segundo buscó la defensa de dogmas caducos, o acaso un simple oportunismo mediático y económico.

Julio Verne nació en Nantes, Francia, en 1828. Fue un brillante escritor y divulgador de la ciencia. Le tocó vivir durante el desarrollo de la Revolución Industrial y conoció inventos como el ferrocarril, el buque a vapor, el submarino, el telégrafo, el teléfono, entre otros. Algunos de los inventos y mecanismos propuestos en sus escritos se materializaron décadas después. Su imaginación estaba enraizada en la realidad económica y social de su época y su respectiva actividad científica, como lo demuestra en su obra.

A lo largo de la trama, sus personajes no solo muestran la perseverancia y la tenacidad necesarias para conseguir un fin, sino la minuciosa “secuencia, programación y metodicidad” con que elaboraron su proyecto, características que evidencian su cercanía con la ciencia y su método. A través de sus personajes, su pensamiento se rebela “traspasando los límites impuestos por dios a las criaturas terrestres”.

En el fondo del cañón de la fantasía se hallan balas con verdades. Que la razón ascienda para que el hombre no caiga desde el cielo.