Jorge Alcocer, el secretario de intuiciones

No podemos ver en la destitución del Doctor Celis, un proceso sano para extirpar la enfermedad de la corrupción, sino como un siniestro uso de la fuerza del Estado.

Francis Martínez

2020-02-25
Ciudad de México

Frase: La falta de asepsia en la destitución del Dr. Miguel Ángel Celis López al frente del Instituto de Neurología es peligroso y nada nos dice que los ciudadanos de a pie estamos exentos.

Cuando conocí por primera ocasión al Doctor Jorge Alcocer Varela en Palacio Nacional, me dio la impresión de ser un hombre muy competente, muy serio y sobre todo que de verdad sentía hondamente la aspiración de impulsar una política de salud de gran aliento. El funcionario bromeaba con la fuente presidencial que no se debía alargar la conferencia porque debíamos desayunar para no tener problemas con nuestra salud, había que cuidarse y nuestro médico lo prescribía. Luego vinieron todos los problemas que usted y yo conocemos: desabasto, desaparición del Seguro Popular, un atropellado arranque del INSABI, más desabasto, etc., toda la política errática que muchos mexicanos han tenido la desgracia de vivir en carne propia. Insisto, la primera impresión que tuve del Doctor Alcocer fue grata, sin embargo, con él ocurre como todo en la Cuarta Transformación: sucumbe el profesional, para que prevalezca la intuición o peor aún, la consigna. En este escenario, la destitución de Dr. Miguel Ángel Celis López al frente del Instituto de Neurología es un muy mal precedente no solo dentro del campo médico, sino para la estabilidad política del país.

Un excelente médico, graduado en la escuela pública, la Universidad Autónoma Metropolitana, especialista en Cirugía Neurológica en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, con la subespecialidad realizada en el Hospital Lariboisiere, en París, como becario del Gobierno francés, entre otros méritos quedaron sepultados en cuestión de días y su destitución consumada en cuestión de horas. Me apena sinceramente el caso de Celis, un hombre cuya trayectoria no le mereció el más mínimo rubor al presidente, Andrés Manuel López Obrador, cuando redujo sus grados y méritos dentro de su disciplina. Bastó “ventilar” que está marcado con el sello de la corrupción para que se interviniera en el organismo colegiado y se viciara la salida de un gran profesional de la salud, en un área donde México no solo requiere más personas como el Doctor Celis, sino de todo un ejército. Por eso, no podemos ver en la destitución del Doctor Celis, un proceso sano para extirpar la enfermedad de la corrupción, sino como un siniestro uso de la fuerza del Estado. La falta de asepsia en el proceso es peligroso y nada nos dice que los ciudadanos de a pie estamos exentos. También debo decir que el caso exhibe la batalla de un David y Goliat, en donde las “filtraciones periodísticas” crean el ambiente para el destinado a caer en la pira: así lo demuestra el uso de la Función Pública, primero, y después la andanada mediática para presentar un hallazgo de malhechor que, de no ser por la Cuarta Transformación, seguiría cometiendo fechorías al amparo de su cargo, solapado por la impunidad. El resultado: otra víctima que debe librar su defensa en los medios, con el claro legado que busca el presidente a sus enemigos: que la corrupción cuando no mancha tizna, pero que el quitarse lo tiznado siempre es un deber del señalado por el púlpito presidencial y consorte, no por la justicia, ni los cauces institucionales para ello.

Ejército y CTM, los exorcismos de la 4ta

Los simbolismos con los que buscó el presidente, Andrés Manuel López Obrador, continuar fortaleciendo su investidura dicen mucho del presidencialismo que busca implementar. Su encuentro con las fuerzas armadas, primero, y posteriormente su aparición con lo que queda de ese dinosaurio de la mafia del poder, la CTM, en eventos que buscaron acreditarse como “evento de masas”, en el Zócalo capitalino y en el Monumento a la Revolución, no dejaron de ser meros eventos oficiales, aunque se pueden hacer algunas puntualizaciones. Solo me referiré al del Ejército en lo particular. La agenda de ambos sectores no contempló, una vez más, las grandes necesidades de cada gremio, sino solo la utilidad para el ocupante de Palacio Nacional. El Ejército fue reconocido por no ser parte de un golpe, sin embargo, está siendo enfrentado con la política de no aplicación de la ley que ha permitido que la institución sea vulnerado en campo, bastaría hacer un recuento de las brutales agresiones contra elementos del Ejército Mexicano, hoy totalmente impunes. Es decir, al cumplirse un año, no solo no ha vuelto a los cuarteles, como prometió el titular del ejecutivo, sino que su institucionalidad terminó como botarga, desplegada en la Plaza de la Constitución, como mera exhibición, en donde a los militares y sus familias, se les dio un espectáculo de cumbia mañanera, en vez de un evento marcado por la solemnidad y el gran respeto al gremio responsable de la defensa de la soberanía del país.

En Puebla, no hay duda de que el gobernador Miguel Barbosa Huerta va que vuela a seguir escalando posiciones para coronarse como en el peor gobernante de la entidad. Al Trending Topic que exhibió su carácter abusivo, se le debe sumar el delicado panorama de inseguridad que esta semana trajo dos hechos lamentables: el primero, el brutal feminicidio de una joven de 14 años en la localidad de Zihuateutla, en la Sierra Norte; el segundo, la muerte de tres estudiantes universitarios, dos (hombre y una mujer) de intercambio de la Universidad Popular Autónoma del estado de Puebla, una institución privada de gran prestigio en la entidad, y una más de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, además de un chofer de aplicación móvil. Este segundo lamentable hecho ocurrido en la Junta Auxiliar de Santa Ana Xalmimilulco, en el municipio de Huejotzingo, indican el grado de vulnerabilidad en el que se encuentran los poblanos, mientras el gobernador Miguel Barbosa Huerta protagoniza vendettas políticas, continua enfrentando a los poblanos con discursos de odio en vez de implementar una política seria contra la inseguridad. Cada vez más, Puebla huele a otro gobernador fallido de Morena.