La composición coreográfica en la danza

En la creación de una coreografía debe haber un detonante que la inspire, una pieza musical, una imagen, una idea, un recuerdo, etc., y lo importante es no perder nunca ese motivo inicial.

Alethia Mejía

2020-02-10
Ciudad de México

Raoul Auger Feuillet utilizó, por primera vez, el término coreografía en 1700, cuando creó un sistema de notación para describir el arte de la danza. El sistema indica cómo se colocan los pies y cuáles son los seis movimientos básicos de las piernas: plié, relevée, saute, cabriole, tombé, y glisee. Está descrito con base en los dibujos o patrones que entonces tenía la danza y con las barras correspondientes a la música. Feuillet fue muy ilustrativo en la notación de los pasos de ballet y los espacios musicales.

Más adelante, en el Siglo XIX, el filósofo francés Francois Delsarte desarrolló un sistema de gestos emotivos, expresivos y naturales y, sucesivamente, a finales de esa misma centuria y principios del XX, el suizo Emile Jacques Dalcroze creó un sistema pedagógico de ritmos musicales a través del movimiento corporal. Poco después, las bailarinas y coreógrafas Isadora Duncan, Ruth St. Dennis, Mary Wigman y Martha Graham, entre otras, comenzaron a utilizar su cuerpo como un instrumento de expresión emocional mediante el uso de estructuras narrativas y musicales definidas por un tema, su desarrollo específico y una conclusión. Para ellas era muy importante que un bailarín defina su propio lenguaje coreográfico.

Este lenguaje se amplió aun más con las aportaciones de muchos coreógrafos, entre los que destaca el bailarín estadounidense Merce Cunninghan, uno de los iniciadores de los cambios en los movimientos y composiciones dancísticas utilizando el azar. Recordemos que la danza se ha nutrido de otras disciplinas, en especial de la música, literatura, poesía, teatro, pintura y cinematografía.

Los expertos afirman que la composición y la coreografía son complementarias, porque ésta agrega matices a la música. Empezamos con una idea o un impulso hacia algo y debemos visualizar qué elementos son necesarios y cómo podemos utilizarlos en el transcurso de la pieza. En la creación de una coreografía debe haber un detonante que la inspire, una pieza musical, una imagen, una idea, un recuerdo, etc., y lo importante es no perder nunca ese motivo inicial. En la medida en que le dedicamos tiempo, cuidado y planeación, la obra resulta más completa. Así descubriremos elementos para establecer una buena relación con el espectador.

Por tanto, componer una pieza dancística no solo consiste en crear movimientos corporales y organizar los elementos estructurales y de desplazamiento que han establecido los grandes coreógrafos y bailarines a lo largo de la historia; tampoco es solo moverse o crear por crear, sino que hay una intención que va más allá, que consiste en despertar emociones, sensaciones y pensamientos en el espectador para que éste logre olvidar sus problemas. Como afirma el pintor holandés Vincent Van Gogh: “El arte es para consolar a los que están quebrantados por la vida”.