La historia silenciada de Estados Unidos (sexta parte)

Y frente todo pronóstico adverso de sus “aliados”, fueron el heroico pueblo soviético y su ejército quienes cambiaron el curso de la guerra y la historia.

Cousteau .

2020-01-12
Ciudad de México

El libro-documental de Oliver Stone destaca aspectos poco conocidos, debido a su ocultamiento deliberado, proveniente de los historiadores al servicio del capital imperialista. Por ejemplo, el Imperio Británico disponía de casi 55 mil soldados hindúes a su servicio en la India, de los cuales cerca de 40 mil se pasaron al bando japonés en cuanto se desató la contienda mundial. Este hecho evidenció el profundo rechazo de los habitantes autóctonos hacia el colonialismo británico, que explotaba sus recursos naturales y expoliaba brutalmente a los trabajadores. En la versión histórica objetiva de Stone, ajena a la “verdad” manipulada o sesgada por los intereses yanquis, se alude al enfoque donde se dice que si los nazis no hubiesen concentrado sus ataques en la invasión de la Unión Soviética y se hubieran coordinado con los japoneses para desplazarse del Mediterráneo y el Medio Oriente hacia el sudeste Asiático, hacia el Canal de Suez, se habría desbaratado el imperio colonial británico.

Para vencer a Japón, los estadounidenses atacaron una a una las islas ocupadas por el imperialismo nipón y nunca se aventuraron a realizar alguna ofensiva generalizada que hubiese sido costosa y probablemente infructuosa. EE. UU. siempre tuvo superioridad militar sobre Japón; en el Pacífico, por ejemplo, los gringos desplegaron 100 portaaviones y el país del Sol Naciente solo habilitó 25; además de que en ese frente empezó a aplicar innovaciones tecnológicas como el uso militar del radar y la detonación de bombas convencionales a distancia. Esta carrera armamentista produjo un “salto de calidad” cuando los científicos que trabajaron para EE. UU. lograron fisionar el átomo de uranio. Albert Einstein firmó la carta en la que aquéllos pidieron a Roosevelt que fabricase la bomba atómica (más adelante, el connotado científico se arrepintió de esta propuesta). Alemania había iniciado las investigaciones que propiciaron la creación de la bomba atómica; pero en 1942 abandonó este proyecto para dedicarse al de los cohetes UV1 y UV2, cuya tecnología posteriormente sirvió para que EE. UU. compitiera con la Unión Soviética en la “conquista del espacio.

En 1942, Stalin solicitó nuevamente a los aliados que abriesen el frente occidental de la guerra, porque los alemanes casi tomaban Moscú. En esos momentos críticos, Roosevelt declaró: “Los soviéticos están matando más alemanes y destruyendo más armamento de éstos que todas las 25 naciones que enfrentan a los nazis”. En 1943 Roosevelt estaba dispuesto a abrir el frente occidental, pero una vez más Churchill se opuso con el argumento de que la “flota británica sufriría muchas bajas en el Canal de la Mancha”. Esta actitud, además de evidenciar que el líder británico prefería mil veces que murieran millones de soviéticos a exponer a sus soldados, evidenció que tanto él como la burguesía imperialista –esto no lo dice claramente Stone, pero sí los historiadores– especulaban con la guerra porque, en el fondo de sus almas rapaces, esperaban que la URSS cayera totalmente o por lo menos quedara los más debilitada posible. En ese mismo año, el general George C. Marshall declaró: “Los británicos, a diferencia de los soviéticos, tienen miedo a enfrentarse a los alemanes”.

Este miedo, sin embargo, tenía como objetivo prioritario proteger las colonias regenteadas por el  imperialismo británico en todo el corredor norte de África a lo largo del Mediterráneo –ese, sí, blindado por su ejército– hasta el Sudeste asiático, pasando por la India; a Churchill le interesaba proteger sus compañías y reservas petroleras. Stalin desconfiaba de los británicos; pero también de los estadounidenses, pues no olvidaba que 20 años atrás, éstos habían participado en la coalición de países agresores contra la Unión Soviética, cuando ésta apenas se consolidaba. Y frente todo pronóstico adverso de sus “aliados”, fueron el heroico pueblo soviético y su ejército quienes cambiaron el curso de la guerra y la historia.