La soberanía nacional (segunda de dos partes)

Por un lado, AMLO levanta el estandarte de la soberanía nacional y, por el otro, acata las órdenes de EE. UU.

Carlos Ehécatl

2020-01-12
Ciudad de México

A pesar de la humillación de convertir a México en el muro prometido por Donald Trump, la “Cuarta Transformación” (4T) no entiende el tablero geopolítico internacional. En los últimos meses, el gobierno mexicano dio asilo al expresidente boliviano Evo Morales y a su vicepresidente Álvaro García Linera, ambos referentes de la izquierda latinoamericana y con una militancia antiimperialista de décadas. Pero no solo les dio asilo, sino que los llevó a universidades, foros gubernamentales y medios de comunicación para que denuncien, desde ahí, el golpe de Estado del que fueron víctimas –denuncias en las que señalaron a Estados Unidos (EE. UU.) como uno de los principales artífices del golpe– mientras organizan la resistencia contra la espuria presidenta boliviana Janine Áñez.

Pero el caso de los bolivianos no es el único. También el expresidente ecuatoriano Rafael Correa estuvo algunas semanas en México y le dieron difusión tanto en el Gobierno de la Ciudad de México (CDMX) como en algunos medios. Por último, está José Mujica, expresidente uruguayo, quien fue presentado con bombo y platillo en el primer informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y dictó conferencias en algunas universidades.

En los cuatro casos se trata de figuras sobresalientes de la izquierda latinoamericana asociada al socialismo del siglo XXI. En otras palabras, son personajes que promueven el antiimperialismo entre los pueblos y la distribución equitativa de la riqueza, postulados directamente en contra de la gran burguesía estadounidense, que domina a México y América Latina (AL). Resulta pertinente preguntarse: ¿hasta dónde el gobierno estadounidense permitirá que el mexicano coquetee con expresiones político-ideológicas, que le son antagónicas, cuya avanzada son países en serios conflictos con EE. UU. desde hace años, como Cuba y Venezuela?

Hay quienes declararon que, en los casos de Culiacán y la familia Le Baron, pueden estar involucrados intereses extranjeros para justificar una intervención militar posterior; hipótesis reforzada con el anuncio de Trump, en torno a que los cárteles mexicanos serán clasificados como organizaciones terroristas. Si esto es así, los operativos, con falsa bandera, bien pudieran ser la respuesta de EE. UU. a los acercamientos de México con la izquierda latinoamericana. ¿Hasta dónde seguirá AMLO provocando a la potencia estadounidense?

Hoy nuevamente se ponen de relieve los límites de la soberanía mexicana. Mientras, en política exterior, el gobierno de la 4T nada a contracorriente; en el tema del T-MEC –el nuevo tratado comercial que sustituirá al TLCAN–, AMLO suspira por la inmediata aprobación, para lo cual el Presidente cumplirá con las exigencias que dicte nuestro vecino del norte. Por un lado, AMLO levanta el estandarte de la soberanía nacional y, por el otro, acata las órdenes de EE. UU. Alguno podría pensar que tal comportamiento es adecuado; sin embargo, los peligros de una intervención militar estadounidense demuestran lo contrario: las provocaciones de AMLO ya encuentran respuestas al otro lado del Río Bravo. Necesitamos, pues, un gobierno que conozca la geopolítica internacional, que analice los estrechos márgenes de nuestra independencia y que se conduzca con inteligencia en la política exterior para no crear peligros innecesarios que den al traste con la poca soberanía existente en México.