La guerra imperialista

Estados Unidos siembra el terror, impone gobiernos contrarios a los intereses de los pueblos, urde intrigas, financia “rebeliones” y golpes de Estado, “derriba dictaduras” y organiza elecciones fraudulentas para imponer a gobiernos serviles.

Redacción

2020-01-12
Ciudad de México

El asesinato del comandante iraní Qasem Soleimani ha desatado la indignación y la condena en todo el mundo; y para todo ser pensante queda clara la excesiva prepotencia del gobierno de Donald Trump, del imperialismo en general y del norteamericano en particular.

Incluso los medios de comunicación financiados por el imperialismo califican el acto criminal como una acción incorrecta, como una medida contraproducente en la carrera por la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. La inmensa mayoría de la población norteamericana condena su política y rechaza las guerras inconclusas que desplegaron los gobiernos anteriores y a las que pretende dar continuidad el actual. La violenta medida electorera de Trump se vuelve ahora en su contra.

Quienes se preguntan si habrá guerra, seguramente refiriéndose a un tercer enfrentamiento de las principales potencias militares del mundo, como las dos que ocurrieron durante el siglo pasado y que costaron millones de vidas, no se dan cuenta de que esa tercera guerra se desarrolla ante nuestros ojos desde hace mucho tiempo, prácticamente desde que concluyó la Segunda Guerra Mundial; y que uno de sus capítulos más recientes son el acto terrorista norteamericano realizado en Irak contra el general Soleimani y la correspondiente respuesta iraní.

El imperialismo norteamericano invade Medio Oriente, ocupa territorios después de bombardearlos y asesinar a miles de civiles inocentes; se jacta de haber ejecutado en aquellos países a gobernantes y líderes de la manera más infame, sin haber demostrado jamás las acusaciones en su contra, como en el caso del asesinato de Sadam Husein, ahorcado ante los ojos de su pueblo, y del presidente libio Muamar el Gadafi, amado por sus compatriotas y sacrificado ferozmente ante los ojos de todo el mundo, como advertencia terrorífica para quienes desafían a la invasora potencia norteamericana.

Hace muchos años que Estados Unidos siembra el terror, impone gobiernos contrarios a los intereses de los pueblos, urde intrigas, financia “rebeliones” y golpes de Estado, “derriba dictaduras” y organiza elecciones fraudulentas para imponer a gobiernos serviles, instala bases militares en toda una región; en resumen, elimina a todo gobierno que intente liberarse del imperio y desarrollar su economía. Pero cuando los pueblos luchan por su independencia, los acusa de terrorismo y, desde Washington, decreta la muerte de sus líderes y de miles de víctimas inocentes.

La participación de Soleimani fue crucial en la unificación de su pueblo para resistir el embate del imperialismo y hacer fracasar sus planes de control en la región; el comandante de la Fuerza Quds había demostrado la falsedad de las acusaciones del gobierno estadounidense en torno al terrorismo, denunciándolas como una estrategia para justificar la intervención; su muerte fue una venganza del gobierno estadounidense. La respuesta de Irán fue inmediata y una muestra de lo que podrían sufrir, en adelante, las fuerzas invasoras.

Para el mundo debe quedar claro que la guerra mundial no es cosa del futuro, que desde mediados del Siglo pasado el imperialismo inició una guerra contra todos los países del mundo; y que quienes dicen luchar contra el terrorismo son quienes siembran el terror y la división interna en otras naciones.