El androcentrismo en la concepción de la historia evolutiva

El androcentrismo es la palabra empleada para hacer referencia a la masculinización de lo cotidiano en las prácticas sociales, culturales y en el ámbito científico.

Luis Alfredo Herbert Doctor

2020-01-06
Ciudad de México

El androcentrismo es la palabra empleada para hacer referencia a la masculinización de lo cotidiano en las prácticas sociales, culturales y en el ámbito científico. Un ejemplo de androcentrismo en la ciencia, es la visualización de la historia evolutiva de la humanidad con un enfoque alejado de lo que hoy se conoce como perspectiva de género, tal como se ejemplifica a continuación.

De antemano, hay que saber que la reconstrucción del pasado (tres-cuatro millones de años antes de nuestra era) no es una tarea fácil; la paleoantropología (ciencia que estudia la evolución humana) se basa en los registros fósiles, geográficos y botánicos para reconstruir la etnografía (estudio de la cultura de diversos grupos humanos) de los primeros homínidos o protohumanos (primeros primates en caminar erguidos); por lo tanto, algunas hipótesis como teorías para el entendimiento de nuestro pasado, se basan en argumentos inductivos; es decir, en razonamientos que no pueden ser garantizados con exactitud, pero que sin duda sirven para la interpretación de la evolución humana. 

Las hipótesis que contextualizan dicha evolución se han descrito de una manera androcéntrica; por ejemplo, de acuerdo con los registros fósiles y la etología (estudio del comportamiento animal) de los primates actuales, algunos autores han sugerido que las hembras de nuestros antepasados fueron las encargadas de la alimentación, la recolección de plantas y fueron relegadas al cuidado de las crías, mientras que los machos se encargaban de la fabricación de herramientas, la comunicación cooperativa y de actos que exigían un desempeño físico e “intelectual”, como la caza de animales para alimentarse.

Por su parte, la actividad de cazar ha sido señalada, por algunos autores, como una acción que exigía cierto grado de inteligencia y que el reiterativo ejercicio de la misma derivó en un mayor tamaño craneal y una inteligencia superior en comparación con sus homólogas. Actualmente existen algunas contradicciones a la hipótesis anterior, ya que, aunque se sabe que los primates actuales, como los chimpancés, sostienen un sistema de división de tareas y presentan diferencias fisiológicas entre hembras y machos, estas diferencias se vinculan con una característica denominada dimorfismo sexual y, en determinadas especies animales, las hembras suelen ser más grandes en comparación con los machos.

Además, a pesar de que existen algunas contradicciones a la premisa de que las hembras se dedicaban exclusivamente a labores “simples”, hasta hoy es un hecho que se imparte en algunos libros de texto de educación básica. Por otro lado, y en contraste con las hipótesis androcentristas, autores como Isaac Glynn Llywelyn han elaborado la hipótesis de que, de acuerdo con vestigios fósiles, existía una relación a la hora de compartir tareas jerárquicas entre grupos familiares. Es decir, que tanto hembras como machos de mayor edad y experiencia realizaban labores de caza, recolección y responsabilidad en el cuidado de las crías.

Esto también supone un cambio en la conducta sexual donde surgirían los lazos de apareamiento y vínculos familiares que derivaron en la evolución de los protohombres a los humanos más modernos de aquella época, una interpretación clave para el entendimiento sobre el origen de la humanidad. Un hecho a favor de lo anterior es el comportamiento observado en especies de primates actuales como los bonobos, donde los grupos familiares son liderados por hembras de mayor edad, que presentan una conducta matriarcal en diferentes aspectos; por ejemplo, a la hora de alimentarse, las hembras mayores y las crías son las primeras en reclamar la comida; y si un macho se acerca a querer alimentarse antes, diferentes hembras se agrupan para ahuyentarlo.

Este tipo de comportamiento no solo supone un argumento para las hipótesis del entendimiento de nuestro pasado, si no que también representa una visión de nuestra sociedad actual, donde movimientos feministas-pacifistas tratan de transformar un autoritarismo agresivo y sin equidad, por parte del sexo masculino, a una cooperación humanística y ordenada que, sin duda, representa la continuidad de la evolución humana.