El futbol también es un asunto político

Pese a los racismos y a los manejos turbios del balón, en las canchas de futbol también hay esperanza.

Luis José Lugo

2020-01-06
Ciudad de México

Las Rayadas fueron campeonas del futbol mexicano, pero se anunció que se les pagará mucho menos que a los Rayados del Monterrey y que, además –como lo denunciaron las jugadoras– no se les pagó un bono prometido recientemente. Esta misma temporada, después de un año de escándalos, adeudos y corrupción, el Veracruz fue “desafiliado” de la Liga MX y las barras violentas del San Luis y el Querétaro se vieron envueltas en una bronca fenomenal.

Hablamos de futbol. Tema que muchas veces suele pasar desapercibido del contexto en que vivimos, o como un hecho de “mera diversión”, pero no es así. Por el contrario: evidencia cómo somos políticamente, exhibe nuestro carácter festivo y denuncia el racismo, machismo y xenofobia que afectan a algunos mexicanos.

Es bien sabido que, en el futbol femenil, los ingresos son mucho menores que en el varonil, pero en el caso de las Rayadas –así como en la mayoría de los equipos– hay varios hechos que evidencian también que reciben un trato muy desigual. En 2019, de acuerdo con la agencia Sporting Intelligence, la liga femenil mexicana registró los salarios más bajos en el mundo, ya que el promedio de ingresos de sus jugadoras fue de 42 mil pesos anuales, a pesar de que la asistencia a los partidos ha subido y que México cuenta con futbolistas de primer nivel en los mejores clubes del mundo. Tales razones parecen soslayarse en un deporte que aún es predominantemente masculino, pero cuya realidad empieza a cambiar.

En el caso del Veracruz, llama la atención que fue un equipo apoyado por el gobierno veracruzano (sobre todo en el periodo de Javier Duarte) y que su propietario fue uno de los actores políticos con mayor presencia en el futbol, Fidel Kuri, militante priista y dos veces diputado. Incluso en 2015, utilizó al equipo para hacer campaña electoral cuando buscó un puesto público.

Antes de la desafiliación, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) había perdonado el descenso al Veracruz mediante un pago multimillonario en pesos para que permaneciera en Primera División, un hecho inusitado en el futbol mundial. 

Cuando se dio el pleito entre los aficionados del Querétaro y el San Luis, sin duda un clásico regional, surgieron estas preguntas: ¿Quiénes dejaron pasar a los aficionados belicosos? ¿Por qué la FMF no toma acciones contundentes contra las barras violentas (considerando que en los estadios asisten mujeres, ancianos, niños y familias enteras)?

Uno de los móviles fue explicado por el profesor Hugo Sánchez Gudiño, quien asocia las barras de futbol a grupos de choque de la política en México. Con eso se entiende que muchos de estos grupos tienen nexos directos con partidos políticos que los utilizan.

La relación entre el futbol y la política es un problema que trasciende las fronteras, pues el fenómeno también es sufrido en otros países. Por ejemplo, en Italia, el fascismo ha renacido a tal punto entre las barras, que jugadores, como Mario Balotelli han tenido que abandonar varios partidos debido a los insultos provenientes de aficionados de equipos como el Lazio, donde participan abiertos simpatizantes de la ideología de Benito Mussolini. En la misma situación se ha visto el jugador brasileño Taison quien, en la última temporada de la liga ucraniana, fue insultado por los aficionados del Dinamo de Kiev.

La propia Megan Rapinoe, la mejor jugadora de futbol en el mundo (ganadora del Balón de Oro), ha aprovechado su popularidad para encarar a personajes como Donald Trump, en el tema de migración y ha criticado a personajes como Leonel Messi y Cristiano Ronaldo por ser “miedosos” para abordar asuntos como la “violencia de género”.

En el futbol siempre ha jugado la derecha (sectores conservadores que se rehúsan a efectuar cambios y tienen sus propios equipos) frente a la izquierda (grupos que desean generar cambios dentro y fuera de la cancha).

César Luis Menotti, exentrenador, campeón del mundo con Argentina y militante de izquierda, señala que el futbol bonito, atrevido, el que propone, es el de izquierda; lo que se podría extender para analizar hechos lastimosos para al futbol y reconocer su carácter de deporte popular que, además de entretener, puede ser un reflejo cultural de las transformaciones que ha ocurrido o están por venir.

Sin embargo, ante las arbitrariedades expuestas en este artículo, vale recordar a Sócrates, un activista y doctor que, en el Brasil de los años 80, siendo jugador, organizó el movimiento “Democracia Corinthiana” con el equipo Corinthians. O un Sat Paulli en Alemania que, ante movimientos altermundistas en su país, abrió su estadio para recibir a migrantes y refugiados. O sea, que pese a los racismos y a los manejos turbios del balón, en las canchas de futbol también hay esperanza.