La ciencia en tiempos modernos

Hoy más que nunca, es urgente y necesario rescatar la ciencia y practicarla, si no queremos regresar a la época del oscurantismo y el absolutismo.

Romeo Pérez Ortiz

2019-12-29
Ciudad de México

Una sociedad que aspira a la justicia y al progreso debe conducirse siempre por el camino más seguro y racional posible, es decir, por el camino de la ciencia; ésta, de acuerdo con los filósofos soviéticos Bonifati Kédrov (1903– 1985) y Alexander Spirkin (1918–2004), fue creada por el hombre para dominar la naturaleza, desarrollar la producción de bienes materiales y transformar las relaciones sociales (La Ciencia, pág. 8), también ha ayudado al hombre a dominar su miedo, controlar sus sentimientos, moldear su actitud y comportamiento y conocerse con mayor profundidad.

Con la ayuda de la ciencia, el hombre puede eliminar sus prejuicios y supersticiones, recorre el mundo de lo infinitamente pequeño y el mundo de lo infinitamente grande para determinar las leyes que rigen los fenómenos, que habitan en esos mundos. Con la ciencia, el hombre ha agudizado su análisis sobre un fenómeno social y económico y ha obtenido conclusiones que lo ayudan a predecir una catástrofe económica y ambiental.

Por eso la práctica de la ciencia ante la inminente crisis económica y ambiental en México y en el mundo es más necesaria que antes. Pero resulta que hoy, en México, se ha abandonado el interés por la ciencia para abrazar el árbol de la fe y de la ignorancia. El Presidente de la República ignora olímpicamente su práctica al omitir las recomendaciones de los economistas e investigadores reconocidos internacionalmente. Hoy, todo aquel individuo u organización que intenta caminar por el sendero de la verdad y de la ciencia es mal visto, atacado y calumniado por el propio Presidente y los medios de comunicación a su servicio. Todo aquel que lucha, sueña y canta en este nuevo siglo es considerado enemigo del progreso.

El siglo XXI en México no es un periodo en el que se luche contra la ignorancia mediante el conocimiento y la razón, como sucedió en Francia desde mediados del Siglo XVIII hasta los primeros años del Siglo XIX. Un siglo en el que los intelectuales y políticos debatían acerca de la filosofía, la política y la literatura; y discutían sobre la ciencia y el rumbo que debía tomar. Hoy vivimos en el siglo de la oscuridad y del absolutismo que, como sabemos, ocasionó mucho daño a la sociedad anterior. En casi todo lo que duró la Edad Media, no hubo desarrollo económico y científico alguno. La Iglesia, al concentrar en su seno todo el poder (político, científico y económico), escondió la esencia del conocimiento obligando así al hombre solamente al estudio y la comprensión del Libro Sagrado y a su obediencia total. Todo aquel filósofo o científico que contradecía las sagradas enseñanzas y los dogmas de la Iglesia era enviado a la hoguera o al calabozo, como fue el caso del filósofo Giordano Bruno (1548–1600) y del científico Galileo Galilei (1564–1642). 

Pues tal parece que, en México, el mismo fenómeno se está repitiendo. Hoy en lugar de difundir libros de ciencia se distribuyen la Cartilla Moral y textos que hablan sobre la economía moral. Hoy, a la religión se le da cobertura en los medios televisivos y radiofónicos nacionales; hoy, el Presidente de la República ignora las estadísticas proporcionadas por las instituciones reconocidas internacionalmente. El economista o investigador que demuestra que no habrá crecimiento económico en México, es tachado de conservador y “fifí”. Aquel científico que demuestra que no habrá desarrollo económico, si no se invierte en el campo y en la educación, es considerado “enemigo de la Cuarta Transformación”. 

Vivimos, pues, en los tiempos en que se reprime a la ciencia y a sus teóricos. Pero no solo eso, vivimos tiempos en los que el Presidente se burla de los mexicanos, viola y pisotea sus derechos. Un gobernante con esas características se convierte en un verdadero dictador. Un gobierno que se deja llevar por la ignorancia y la fe y olvida la ciencia y la razón lleva a su país al mundo de la superstición, la violencia, la inseguridad endémica y la brutalidad.

Por eso, hoy más que nunca, es urgente y necesario rescatar la ciencia y practicarla, si no queremos regresar a la época del oscurantismo y el absolutismo. Hoy es más apremiante crear un proyecto basado en la ciencia en el que el pueblo reconozca sus intereses y necesidades y decida abrazarlo y defenderlo.