Bajo las estrellas de otoño, de Knut Hamsun

Knut Pedersen, fue el escritor europeo más innovador e influyente entre los siglos XIX-XX.

Ángel Trejo

2019-12-02
Ciudad de México

Knut Hamsun, seudónimo literario de Knut Pedersen, fue el escritor europeo más innovador e influyente entre los siglos XIX-XX, ya que algunas de sus novelas –entre ellas Hambre (1890), Bajo las estrellas de otoño (1906), Misterios (1892) y Pan (1894)– marcaron a autores como James Joyce, Marcel Proust, Máximo Gorki, Franz Kafka, Thomas Mann e Isaac Bashevich Singer. Nació en Noruega, vivió 93 años (1859-1952); y el periodismo, oficio que le hizo padecer miseria, lo condujo a la escritura de ficción a partir de 1877, cuando publicó El enigmático. Su gran éxito editorial, en la última década del siglo XIX, lo llevó a asumir posiciones políticas, ideológicas y racistas adherentes al imperialismo alemán en las guerras mundiales de 1914-1918 y 1939-1945, a entrevistarse con Adolfo Hitler y a regalar su medalla del Premio Nobel de Literatura (1920) a Joseph Goebbels. En 1945 fue declarado traidor, internado en un siquiátrico, sus libros quemados en plazas públicas y pudo salvar su vida gracias a su celebridad literaria.

Para fortuna de los lectores de todo el orbe, el autor de ficción Knut Hamsun fue muy distinto al militante vikingo progermánico Knut Pedersen. En sus novelas es esencialmente un poeta en extremo minucioso de la psicología individual y la creación de personajes hipersensibles, magnífico descriptor de paisajes y escenas bellas. En Hambre, novela autobiográfica, configura a un periodista que en Cristianía (Oslo) recurre a varios empleos (grumete, oficinista, contador, vendedor), al robo eventual de dinero y a buscar comida en botes de basura para sobrevivir al hambre y al rechazo de sus artículos “intelectuales”. Sus frecuentes ataques de inanición le causan vahídos, vómitos y algunas alucinaciones. En Bajo las estrellas de otoño (Siglo XXI, México, 2007) Hamsun cuenta la historia de un vagabundo que busca la “alegría paradisiaca” de la naturaleza rural lejos del “tumulto de la ciudad, de los periódicos y de los hombres”. Se trata de un personaje de edad madura, anónimo y educado que se emplea como leñador, pintor de brocha gorda, excavador de caños, pozos y servidor doméstico.

En Ovreboe se encuentra con Falkenberg, antiguo camarada de “vagabundia” que se dedica a afinar pianos y cantar. Se asocian en el desempeño de diversas labores: primero un presbiterio y luego en la casa señorial de un capitán y magistrado que también se apellida Falkenberg. Está casado con una mujer muy bella, de mediana edad, con quien no lleva buena relación marital. El vagabundo se enamora de la Capitana y, al parecer, entabla con ella un vínculo amoroso silente y distante, que le genera intensas especulaciones emocionales. Cuando abandona su trabajo y fracasa en su intento de huir de estos desbordes, le envía una carta. La Capitana responde con un recado escueto pero contundente: “No me escriba” … Pero el vagabundo exclama: “¡Dios mío, esto encierra un mundo de significados!”, positiva interpretación con la que, a partir de ese momento, intensifica su acoso. El ritmo dramático, apenas perceptible, de este amor oculto, romántico, termina cuando otra carta suya obtiene como respuesta otra nota apenas un poco más “larga” que la anterior: “No debe perseguirme”.