La Madre de los Dioses

El rol preponderante de la madre mexicana en la sociedad actual es un tópico recurrente; pero es nada si lo comparamos con el destacado sitio en que los antiguos pobladores de estas tierras tenían a esta Madre de los Dioses.

Tania Zapata Ortega

2019-12-02
Ciudad de México

El 13 de agosto de 1790, cerca de lo que ahora es la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, fue descubierta una escultura monolítica, representación de la diosa Coatlicue, madre de todos los dioses del panteón Azteca; la de la falda de serpientes, señora de la vida y la muerte, que engendrara a Huitzilopochtli al recoger un manojo de plumas y esconderlo en su seno. La salvaje belleza de esta obra maestra de la escultura prehispánica y su poderoso simbolismo, evocador de las creencias más arraigadas de un pueblo sometido, debieron despertar muy pronto la rebeldía de quienes recordaban tiempos en que toda su vida giraba en torno a la religión de sus mayores; así que la Iglesia decidió volver a sepultar el monolito, no sin antes, tal vez, tomar medidas para sustituir su culto y ensayar un sincretismo que hasta la fecha convoca peregrinaciones en todo el país en las que el denominador común es la profunda fe de los participantes.

Coatlicue sería fugazmente desenterrada en 1804 a petición de Alexander Von Humboldt, para ser sepultada nuevamente hasta ya avanzado el siglo XIX, cuando comenzaría su periplo hasta llegar al Museo Nacional de Antropología e Historia, donde actualmente se exhibe.

El rol preponderante de la madre mexicana en la sociedad actual es un tópico recurrente; pero es nada si lo comparamos con el destacado sitio en que los antiguos pobladores de estas tierras tenían a esta Madre de los Dioses, representación del rol femenino, la fertilidad y la autoridad materna sobre toda la sociedad.

En La Literatura Náhuatl, Ángel María Garibay recoge 13 cantares o himnos rituales a las divinidades aztecas, de cuya versión al castellano se encarga también, y que incluyen el siguiente poema, del que él mismo dice: “es la mujer, en sus aspectos de madre, de guerrera y de verdugo, autora de la vida y de la muerte, que acumula en su seno la ternura y el dolor… México ha sido un pueblo maternalista y esto mismo dirán los poemas”.

COATLICUE

Id a la región de los magueyes salvajes,

para que erijáis una casa de cactus y de magueyes,

y para que coloquéis esteras de cactus y de magueyes.

 

Iréis hacia el rumbo de donde la luz procede (Oriente)

y allí lanzaréis los dardos:

amarilla águila, amarillo tigre, amarilla serpiente,

amarillo conejo y amarillo ciervo.

 

Iréis hacia el rumbo de donde la muerte viene (Norte)

también en tierra de estepa habréis de lanzar los dardos;

azul águila, azul tigre, azul serpiente,

azul conejo y azul ciervo.

 

Y luego iréis hacia la región de sementeras regadas;

también en tierra de flores habréis de lanzar dardos, (Poniente)

blanca águila, blanco tigre, blanca serpiente,

blanco conejo y blanco ciervo.

 

Y luego iréis hacia la región de espinas (Sur)

también en tierra de espinas habréis de lanzar dardos,

roja águila, rojo tigre, roja serpiente,

rojo conejo y rojo ciervo.

 

Y así que arrojéis los dardos y alcancéis a los dioses,

al amarillo, al azul, al blanco, al rojo:

águila, tigre, serpiente, conejo, ciervo,

luego en la mano poned del dios del tiempo,

del dios antiguo, a tres que habrán de cuidarlo:

Micoatl, Tozpan, Ihuitl.