La lavandería (tercera de tres partes)

El filme desvela con bastante conocimiento y humor corrosivo el entramado en cuyo interior se mueven los grandes capitales internacionales para defraudar, lavar dinero sucio y evadir impuestos.

Redacción

2019-12-02
Ciudad de México

Mossack y Fonseca platican en un supermercado sobre la diferencia que hay entre “privacidad” y “secretismo”. Mediante el uso de metáforas, Fonseca dice que la “privacidad” es como cuando la gente cierra la puerta del baño para hacer “pipí” y que el “secretismo” consiste en cerrar la puerta del baño para hacer cosas que nadie puede ni debe saber. Muchos empresarios en el mundo no quieren “privacidad” sino “secretismo”, pues sus negocios no son precisamente algo de lo que puedan dar cuenta de manera abierta y legal ante los gobiernos y la sociedad. Para realizar La lavandería, Sodebergh indudablemente debió asesorarse en economía y finanzas, pues el filme desvela con bastante conocimiento y humor corrosivo el entramado en cuyo interior se mueven los grandes capitales internacionales para defraudar, lavar dinero sucio y evadir impuestos. La quinta historia de la cinta lleva el título Liquidar. Después de cruzarse en el supermercado con Fonseca y Mossack, Ellen Martin le dice a su hija que la corrupción y el lavado de dinero está en todo el mundo.

La corrupción llega hasta países como China y, en efecto, en esta parte del filme se aborda la corrupción de un empresario chino que “lava” dinero en Panamá y que utiliza a su esposa para liquidar a Maywood, un representante de la familia que intenta sobornarlos con la amenaza de denunciar sus actividades ilícitas. La esposa del empresario –miembro del gobierno chino– envenena a Maywood, y en su intento por evitar una investigación y las sanciones legales por su crimen, intenta sobornar a un funcionario de la policía china. Sin embargo, éste adopta medidas inmediatas para que ella y su esposo sean detenidos. Es evidente que Sodebergh sabe que hay corrupción en China, pero también que el gobierno de este país combate genuinamente aquel mal.

Pero Soderbergh no se queda con la explicación de los medios de comunicación más influyentes de todo el mundo, los cuales solo reconocen que esta forma de lavar dinero, eludir impuestos y defraudar a millones de personas ocurre en algunos países como Panamá, Chipre, las Islas Seychelles, etc., sino que es una práctica común que se da en todo el mundo, principalmente en Estados Unidos. Con su característica forma didáctica, Mossack y Fonseca citan, por ejemplo, que cuando el estado de Delaware advirtió que tenía mucho tiempo sin captar inversiones, creó leyes muy laxas en cuanto a los requisitos y las tasas de impuestos exigidos para la fundación de empresas. El resultado fue positivo y pronto esa entidad de la Unión Americana elevó a más de 285 mil el número de sus empresas. La corrupción, la búsqueda de grandes fortunas y los “cuidados” que deben tomarse para conservarlas, implican el uso de todo tipo de trampas legales, legaloides e ilegales, ya que éstas son consustanciales al capitalismo, sobre todo en su versión neoliberal, que es la más antigua y primitiva. Y mientras Mossack y Fonseca sermonean, nos instruyen y nos dicen que hay una diferencia entre la evasión y la elusión de impuestos –que lo primero es ilegal, pero lo segundo es legal– Ellen Martin está en la misma iglesia rezando y preguntándole a Dios: ¿Cuándo los mansos gobernarán la Tierra? ¿Cuándo los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros? ¿Qué pasará con los que estamos en medio y que cada día estamos peor? (¿Qué pasará con la clase media, que está dejando de ser clase media para engrosar las filas de los desheredados?).

En 2016 estalló la bomba, cuando hubo una filtración de datos de los contratos de las empresas “fantasma” de miles de empresarios; muchos políticos relevantes estaban involucrados, entre ellos el Primer Ministro de Gran Bretaña, David Camerón y el presidente de Islandia, quien tuvo que renunciar al cargo. Al destaparse la cloaca, una de las compañías más exhibida fue la petrolera brasileña Odebrecht, que creó varias empresas “fantasma” para sobornar con más de tres millones de dólares a funcionarios públicos de muchos países. Y cuando en el filme de Sodebergh Fonseca y Mossack se ven denunciados en la prensa, formulan esta furibunda reflexión: “¿Quién es el criminal, nosotros que solo hacemos contratos legales o ese John Doe que invadió la privacidad, debería estar en la cárcel?”. Más adelante, después de ser encarcelados tres meses en calidad de chivos expiatorios y de ver destruida su empresa de lavado y protección a defraudadores, Mossack y Fonseca tienen que preguntarse: “¿Y quién salió ganando con acabar con el Panamá papers? ¿Los niños pobres, los sin casa, etc.? No. Salió ganando Estados Unidos, el mayor paraíso fiscal del Mundo”.

La cinta termina con estas palabras de Ellen Martin: “En este sistema –el capitalista– los esclavos no saben que son esclavos ni que sus grilletes se esconden en montones de vericuetos de jerga legal…”. En 2018, las 60 empresas más grandes de Estados Unidos eludieron de forma “legal” cerca de 80 mil millones de dólares...