La edición de humanos ¿garantía de mejora?

La variabilidad (diferencia) es una característica innata al mundo natural.

Redacción

2019-12-02
Ciudad de México

Los beneficios del desarrollo científico-tecnológico son muchos y palpables, desde la lectura de textos en dispositivos electrónicos hasta conservas de verduras que podemos almacenar en la alacena por varios años. Pero hablar de nuevas tecnologías en el terreno de la genética resulta más complicado. Esta disciplina científica se encarga de estudiar los procesos hereditarios y la naturaleza de la información genética (ADN). Con este conocimiento se han creado varias tecnologías, entre las cuales la más ilustre es la edición genética. Ésta busca la erradicación de enfermedades severas a partir de la modificación del ADN; sin embargo, es necesario plantearse la pregunta: ¿dicha tecnología puede perjudicar a la humanidad?

Existe suficiente evidencia de que muchos planteamientos científicos han tenido consecuencias sociales erróneas. Por ejemplo, el concepto eugenesia, propuesto por el naturalista Francis Galton en el siglo XX. Este término significa “buen origen o linaje” y fue acuñado con la convicción de que el talento, la habilidad, la inteligencia y otros factores se heredan en las familias y que la selección natural (sensus Darwin) interviene en el ser humano de igual forma que en las demás especies. Por tal motivo, Galton sugirió que, así como el hombre había obtenido extraordinarias razas de caballos y perros, la raza humana misma podría ser mejorada mediante una reproducción controlada. Entonces, potencias mundiales como Estados Unidos y Alemania comenzaron a perseguir y a asesinar a personas enfermas, discapacitadas o pertenecientes a razas “inferiores” con el propósito de “limpiar” y “mejorar” la sociedad.

A pesar de las consecuencias ideológicas de esta época, el pensamiento eugenésico continúa muy arraigado en la sociedad, pero ahora se manifiesta principalmente en la posibilidad de elegir las características de un futuro humano. Existen nuevas técnicas como la CRISPR/Cas9, que reconoce secuencias específicas del DNA y las “recorta”; de manera que el genoma del organismo (incluido el humano) puede ser editado. El caso más conocido es del genetista He Jiankui, quien editó el genoma de un bebé para que fuera resistente al VIH. De esta manera, la edición genética podría resultar una tecnología con amplios beneficios; pero las técnicas ocupadas aún tienen muchas limitaciones (se desconocen las consecuencias en las futuras generaciones), lo que ha restringido su aplicación en humanos.

Otro problema derivado de esta técnica se haya en la posibilidad de emplearse con fines no terapéuticos, es decir, que alguien decida “producir” o “editar” a otra persona arbitrariamente. Un claro ejemplo es el siguiente: Juan y Xóchitl son una pareja que quiere un hijo que se parezca a ellos, con los ojos de su madre y la altura de su padre, entre otras cosas. Xóchitl recuerda que su papá es sordo y uno de sus tíos también, al igual que sus primos, lo cual le hace pensar a ella y a Juan que esta característica podría ser transmitida a su futuro bebé. Ante la preocupación, la falta de información y los prejuicios, acuden al Instituto Congenes, dedicado al desarrollo tecnológico en genética y fertilización in vitro.

En este lugar les ofrecen fertilizar un óvulo congelado de una madre donadora, les muestran un catálogo con las características anatómicas y fisiológicas de las donadoras potenciales, así como sus talentos, etnicidad y nivel de educación. Los padres aceptan y pasados los meses cumplen su sueño de tener un hijo libre de sordera. En este caso prevalece la convicción de que los sordos son de alguna manera “inferiores” y no personas tan humanas como las demás, con su propia lengua, personalidad y sapiencia.    

Estas tecnologías dan pie, asimismo, a que se pretenda “homogeneizar” o “mejorar” a los humanos. Pero ¿quién decidirá cuáles son las “mejores cualidades”? ¿Quién jugará el papel de la selección natural? En manos equivocadas, estas tecnologías podrían abrir aún más las puertas a la discriminación, al racismo e incluso a modernos “campos de concentración”. Esto no significa que la ciencia sea en sí misma mala o buena; la cuestión es cómo será utilizada; la solución podría ser no solo desarrollar altas tecnologías, sino aprender a vivir con las diferencias, y respetar a las personas diferentes. La variabilidad (diferencia) es una característica innata al mundo natural.