Un México roto y descuidado

A un año del ejercicio del poder podemos concluir que el México que lleva la impronta de la 4T se encuentra roto y descuidado.

Capitán Nemo

2019-12-02
Ciudad de México

A un año de la llegada de la “Cuarta Transformación” (4T) al poder, su gobierno se compara nada más y nada menos que con las tres grandes transformaciones nacionales del México anterior: la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana de 1910. Para los crédulos y los neófitos esto significa, en buen castellano, que los señores de la 4T se consideran capaces de trazar el parteaguas y realizar los cambios profundos que nuestra sociedad requiere. 

Pero desde un principio, entre los letrados y analistas surgieron dudas con respecto a la posibilidad de que el nuevo partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) realmente emprendiera esa tarea, ya que está conformado con la vieja clase política de siempre, que en Morena se reciclaron después de abandonar las viejas estructuras donde los ciudadanos reconocen la fuente de sus males. En este Frankenstein hallaron cupo lo mismo centristas e izquierdistas trasnochados, que derechistas tránsfugas y corruptos arrepentidos, todos cobijados por el buen pastor. Pero ha pasado un año –tiempo suficiente para analizar lo ocurrido en la convulsa vida nacional– y quedan muy claros los múltiples desatinos de un pésimo gobierno.

Comencemos por el combate a la corrupción, asunto que fue y es la principal bandera de la 4T. Este problema nacional, hay que decirlo con claridad, sigue presente en la escena política nacional; no es de extrañar que encumbrados personajes “incorruptibles” del gobierno actual hayan sido balconeados por la prensa. Como principal resultado de este combate, la 4T prometió la creación de una mayor riqueza. Nada más falso, lo único que realmente crea riqueza es el trabajo productivo; de ahí que a estas alturas, la economía nacional no haya crecido siquiera al ritmo del dos por ciento como lo hizo antes, y hoy su crecimiento sea igual a cero.

Para justificar el garrafal yerro, el Presidente enarbola su Economía Moral, en la que afirma que el crecimiento económico no lo es todo, asunto en el que tiene razón cuando se refiere a la necesidad de distribuir la riqueza. Sin embargo, la forma en que propone para hacerlo, es decir a través de programas asistencialistas, no es la adecuada, porque éstos han probado ya su inefectividad en periodos anteriores; son mejoralitos que no resuelven la pobreza, la extienden a millones de pobres y cumplen con la vieja ley marxista de que la riqueza se acumula en unas cuantas manos.

Miente la 4T cuando asegura que el neoliberalismo ha terminado, el decreto con el que el Presidente lo “desapareció” fue un acto de demagogia pura para manipular a las clases populares y un guiño muy coqueto destinado a los dueños del gran dinero en México. En los hechos, el Gobierno Federal está cambiando “cuentas de vidrio por oro” a los grupos vulnerables. Esto se advierte claramente como un gran logro de la entrega “directa” de las transferencias monetarias, mientras el gobierno cierra guarderías para los hijos de madres solteras; además, en los centros de salud no hay medicamentos, se eliminan los programas sociales que habían funcionado bien en años anteriores y no hay apoyo para la infraestructura social básica en municipios pobres, es decir, para escuelas, hospitales, caminos, drenajes, luz eléctrica o pavimentaciones.

Uno más de los grandes logros del gobierno vigente es que los trabajadores de salario mínimo ganen hoy 102 pesos, pero el precio excesivo de las mercancías los deja sin ningún poder de compra para satisfacer sus necesidades básicas; y si a ello le agregamos que el desempleo gana terreno, las familias se encuentran en franca lucha diaria para sobrevivir. A todo esto hay que añadir que las filias y fobias del Presidente y de sus correligionarios de Morena han secuestrado la aplicación de la ley y el funcionamiento de las instituciones, promoviendo la polarización del país con discursos de odio, la ridiculización y la estigmatización de quienes considera sus adversarios. Y mientras la ineficiencia y la permisibilidad del gobierno de la 4T desgajan el tejido social, la violencia generada por el crimen organizado ha provocado ya la muerte de más de 30 mil personas en todos los rincones del país en poco menos de un año.

Algunos dirán que es muy pronto para pedir cuentas al nuevo gobierno, que muchos de los males no son nuevos; pero es innegable que la mala gobernanza se ha acentuado. Nadie en su sano juicio desea que le vaya mal a AMLO, porque ello significa mayor sufrimiento para las clases populares, pero a un año del ejercicio del poder podemos concluir que el México que lleva la impronta de la 4T se encuentra roto y descuidado.