Repensar la infancia desde la política y la sociedad

Los niños ya no son receptores pasivos, sino en constante interacción y negociación de sí mismos.

Luis José Lugo

2019-12-02
Ciudad de México

El 20 de noviembre se celebró la convención del niño y la niña, tratado internacional que establece, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF):“el reconocimiento de los derechos humanos de los niños y las niñas (…) los Estados partes deben asegurar que todos los niños y niñas –sin ningún tipo de discriminación– se beneficien de una serie de medidas especiales de protección y asistencia; tengan acceso a servicios como la educación y la atención de la salud; puedan desarrollar plenamente sus personalidades, habilidades y talentos; crezcan en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y reciban información sobre la manera en que pueden alcanzar sus derechos y participar en el proceso de una forma accesible y activa”.

Lo anterior nos invita a reconocerlos como sujetos de derecho. ¿Qué implica esto? Saber que son personas con las que se puede negociar, dialogar y construir. Esto va contra la idea de considerarlos sujetos pasivos que “están en búsqueda de su identidad” y que, por tanto, no pueden pensar por sí mismos. Esto, a decir de varios especialistas en sociología de la infancia, obedece a que se les observa con una mirada “adultocéntrica”.

La aplicación de esta visión toma sentido al abordar temas como la seguridad digital, el uso de las tecnologías por los niños, los videojuegos o la múltiple información que se halla en la web. Si analizamos estos procesos desde una sociología de la infancia crítica, convendría en principio comprender la relación entre infancias y tecnologías, sus contextos, deseos y motivaciones, antes de asignarles a prori juicios sobre lo que “deben hacer” o “lo que está bien o está mal”.

Como traducción, implica que nos hagamos cargo de nuestras relaciones sociales, culturales, familiares para responsabilizarnos como sociedad. Con esto puede entenderse que cuando un niño responde con violencia, no solo es culpa de los videojuegos o el internet sino de todas sus relaciones y contextos sociales.

Por otro lado, está comprobado por autoras como Dana Boyd, que los niños tienen sus propios códigos culturales de expresión, con los cuales desarrollan subjetividades e identidades. Esto significa que más allá de la sanción de los adultos, es importante acompañarlos y alfabetizarlos en el uso de los recursos tecnológicos.

Y la cuestión política no es la excepción, pues a veces los niños solo son un pretexto para aparentar democracia o “progresismo”. Por ejemplo, recientemente se efectuó la consulta infantil. Y más allá del dato anecdótico cabría preguntar ¿qué se hace con esos resultados? ¿En qué se traducen con respecto a los derechos sociales de la infancia?

Cabría considerar algunos esfuerzos que se realizan con esta perspectiva, por ejemplo, Ciudadana 660 y Canal 11, medios que han incorporado una visión sobre protagonismo infantil, o el apoyo que Museo Cabañas y Centro Cultural España han ofrecido a talleres de alfabetización infantil.

Por lo tanto, si consideramos que uno de cada tres usuarios de internet en el mundo son niños, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), conviene hacer un ejercicio de reflexión o acción.

Finalmente, como sostiene el especialista español Iván Rodríguez, es necesario analizar la re-configuración de las relaciones en el interior de las familias; pues los niños ya no son receptores pasivos, sino en constante interacción y negociación de sí mismos. Por ello es importante garantizar su privacidad, identidad y su acceso al espacio público.

Además, es importante la intervención del Estado, ya que en México mueren diariamente tres niños o niñas a causa de la violencia; y una de cada cinco mujeres contrae matrimonio antes de la mayoría de edad, sin contar la violencia física y el abuso sexual, puntos en los cuales México ocupa el primer lugar, según la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico (OCDE).

Sin duda hay mucho por hacer en lo individual, lo colectivo y la política. Si el lector se suma a esta labor, lo esperamos en el proyecto de Contratiempo MX para atender los derechos de la infancia a través de una Escuela de Periodismo para Niños y Niñas.