En torno a los orígenes de la Revolución Industrial, de Eric Hobsbawm

Hobsbawm afirma que el “capitalismo industrial” se inició en el año 1000 con la intensificación de los intercambios comerciales en Europa

Ángel Trejo

2019-11-24
Ciudad de México

El historiador Eric Hobsbawm (1917-2012) afirma en esta obra que “cada vez es más claro que los orígenes de la Revolución Industrial de Gran Bretaña no pueden ser estudiados exclusivamente en términos de historia británica”, porque el “árbol de la expansión capitalista moderna creció en una determinada región de Europa, y sus raíces extrajeron su alimento de un área de intercambio y acumulación primitiva mucho más amplia, que incluía tanto las colonias de ultramar ligadas por vínculos formales como las ‘economías dependientes’ de Europa oriental, formalmente autónomas. La evolución de las economías esclavistas de ultramar y de las basadas en la servidumbre de la gleba en oriente fueron tan partícipes del desarrollo capitalista como de la evolución de la industria y de las regiones urbanizadas del sector ‘avanzado’ de Europa”.

Hobsbawm sustenta esta propuesta apoyado en otro suceso histórico: que los productos de la industria textil británica se elaboraron con algodón proveniente de La India entre 1760 y 1770 a partir de 1790 de África y América, lo que contribuyó a crear las condiciones “excepcionalmente favorables para el desarrollo de las innovaciones técnicas”, que también se vio favorecido por el monopolio del comercio de Gran Bretaña en América Latina, los movimientos de independencia en los países de esta región y las guerras napoleónicas. Hobsbawm asegura además que el éxito comercial del algodón –que fue seguido del de los ferrocarriles entre 1830 y 1850, el otro gran ingenio propulsor de la Revolución Industrial británica– fue antecedido por la invención de la primera máquina de vapor eficiente (1769-1772) y la fundición de hierro con carbón mineral, cuyo uso estimuló la siderurgia militar (armas), la doméstica (cacerolas, estufas) y la infraestructura pública (puentes, tuberías). A su vez, estos productos tecnológicos fueron herederos de la minería, la imprenta, las armas de fuego y la banca provenientes de Alemania, Suiza e Italia (Florencia) en los siglos XV, XVI y XVII.

Hobsbawm afirma que el “capitalismo industrial” se inició en el año 1000 con la intensificación de los intercambios comerciales en Europa; con la crisis terminal del feudalismo, advertida ya en el siglo XIII con la aparición de los “capitalistas feudales” en Italia (Venecia, Génova, Milán), y que su crecimiento “lento, sinuoso y discontinuo” surgió como modelo de producción distinto cuando desaparecieron el trabajo forzado y la producción artesanal, que generaron al trabajo fabril y domiciliado. La expulsión de los turcos de Europa durante el último tercio del siglo XVIII (1760-1770) propició la apertura de nuevas tierras agrícolas en los mares Mediterráneo y Negro, y una revolución agropecuaria que perfeccionó los cultivos del maíz, la papa y el tabaco, que coadyuvaron a la Revolución Industrial. Una gran concentración de riqueza, el descenso demográfico provocado por las epidemias y la Guerra de 30 años (1618-1648) generaron una primera crisis global entre 1620 a 1670, de la cual el capitalismo salió fortalecido para, finalmente, completar su proceso de formación en 1800, proceso que se había iniciado por una estrecha y permanente asociación con las nuevas tecnologías.