La lavandería (II de II)

Charles convence a su hija de que acepte los títulos al portador de una empresa “fantasma”, quien está controlada por Mossack y Fonseca

COUSTEAU ...

2019-11-24
Ciudad de México

Fonseca y Mossack explican que los rusos, que arrebataron a Ellen la posibilidad de comprar un apartamento en Las Vegas, están construyendo su “imperio” capitalista, y que para lograrlo se han asesorado con banqueros y especialistas en inversiones de alto montos. Estos expertos recomiendan a los rusos que busquen un paraíso fiscal donde puedan esconder su capital, eludiendo así el pago de impuestos, objetivo que se logra mediante la creación de una o varias empresas “fantasma”. “Ahí es donde entramos nosotros”, dice Fonseca, quien como artífice de éstas detalla que este tipo de compañías únicamente son un “correo electrónico, un código postal” y que, por lo mismo, no producen nada ni proveen ningún servicio. Ellen busca al responsable de la empresa que le debe pagar la póliza por el fallecimiento de su marido. Viaja a la isla de Nieves y busca a Irvin Boncamper, administrador de empresas fantasmas. Cuando lo encuentra, éste niega ser esa persona o conocerla. Más adelante, Irvin es detenido en Miami por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), pero Boncamper es apenas la “punta del iceberg”, pues trabaja para los verdaderos tiburones que controlan miles de empresas “fantasma”, entre quienes se hallan Mossack y Fonseca. Para evitar ser investigados, estos diligentes autores de decenas de miles de estafas ponen a Mía Beltrán como gerente de las empresas inexistentes, una mujer que concierta y firma los contratos de esas compañías que están registradas en Panamá, y que desconoce el trasfondo real del negocio. Cuando Mía se entera por Mossack que Irvin ha sido detenido, muere electrocutada en la calle por la caída de un cable con alta tensión (¿casualidad?).

La tercera historia, o tercer consejo, se subtitula Cuéntale a un amigo. En esta parte del filme de Soderbergh, Jürgen Mossack y Ramón Fonseca cuentan sus historias y cómo coincidieron en su visión del mundo. El padre de Jürgen, alemán radicado en Panamá, lo indujo a que estudiara derecho, pero pronto se percató de que nunca saldría de pobre como abogado. En su adolescencia, Fonseca fue influido por un padre católico que promovía la “teología de la liberación”, y una vez que culminó sus estudios de derecho se fue a trabajar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el propósito de “ayudar a las ovejas en contra de los lobos”; ya estando ahí, observó que “las ovejas no se dejan ayudar y quieren sacar ventaja, por lo que se decidió a trabajar para los lobos”. Ya como socios, ambos abogados establecieron oficinas en más de 50 países del mundo, desde las cuales lograron administrar fondos de más de 250 mil empresas “fantasma”. En la maniobra de este sucio negocio dedicado a lavar dinero y a evadir impuestos, tuvieron que lidiar con todo tipo de personas. Mossack, por ejemplo, se entera de que uno de sus clientes es un narcotraficante mexicano que está encarcelado, lo cual le causa cierto temor. Sin embargo, se congratula de que no todos sus clientes son “malos chicos”; y el cuarto relato del filme de Soderbegh está dedicado a la historia de un empresario “limpio”: El ABC de los sobornos. Se trata de Charles, un empresario “impoluto” de Los Ángeles, California, quien tiene que cuidar a su esposa y su hija Simone, que está a punto de graduarse en una universidad. Pero un buen día llega a su residencia y sorprende a su padre teniendo relaciones íntimas con Astrid, su mejor amiga. Al ver que Simone está dispuesta a irse de casa y a renunciar a la graduación, Charles la detiene y discute con ella. Incluso llaman a un abogado para resolver de algún modo el problema, y aquél ofrece a su hija un departamento en Nueva York a cambio de que guarde silencio frente a su esposa. Cínicamente, el magnate dice a Simone: “éste es el mundo de los adultos, bienvenida”.

Charles convence a su hija de que acepte los títulos al portador de una empresa “fantasma”, quien está controlada por Mossack y Fonseca. Astrid llega a la fiesta de graduación de Simone, y es durante el curso de esta ceremonia cuando su madre, quien desconocía el affaire, se entera de la infidelidad de su marido. Simone viaja a Panamá con el propósito de convertir los títulos al portador de su empresa; pero Mossack la informa de que el dinero de esta empresa ha sido transferido a otra compañía y que, por lo tanto, no vale 20 millones de dólares sino únicamente 37 dólares. Simone rompe enfurecida los papeles.