San Luis Amatlán y la promesa de tiempos más fecundos

Nuestro país está al borde de una crisis en todos los ámbitos; y la realidad demanda con urgencia el surgimiento de una nueva clase política que, en su búsqueda por justicia social, desarrolle más prosperidad para México.

Dimas Romero González

2019-11-17
Ciudad de México

“Cuando cruzo por el valle, cuando trepo a la colina,

cuando en tierra castellana o en ribera levantina

me detengo ante los bravos que batallan por el pan,

siento afanes imposibles que son vida de mis sueños,

y, admirando las grandezas que atesoran los pequeños,

con impulso irrefrenable mis cariños a ellos van.

 

…a ellos, sí, porque son buenos sin rencores ni altivez;

a ellos, sí, pues son promesa de otros tiempos más fecundos;

a ellos, sí, porque la llama redentora de los mundos

surgirá, como en Judea... ¡de la humilde pequeñez!” MRBB

Al poeta acudo, al sensible ser que con profética mirada vislumbra el futuro, para que nos indique el camino que nos llevará a obtener la justicia y la libertad que los pueblos, y entre ellos el nuestro, anhelan desde siempre.

El pasado 20 de octubre, en una inédita elección municipal, resultó ganador, con aplastante mayoría, el humilde campesino Pedro Altamirano Hernández, de la comunidad de El Palmar, quien contra todo pronóstico, derrotó a profesionistas y empresarios de la clase política que ha gobernado en los últimos tiempos a San Luis Amatlán. Este acontecimiento, insignificante quizá para algunos, encierra en su pequeñez, importancia relevante en los difíciles tiempos que vivimos.

Este municipio está catalogado entre los de alta marginación; cuenta con 3,624 habitantes y tiene su historia: es la tierra de los famosos “cuerudos”, cuyos antepasados grabaron su huella en la batalla que tuvo lugar el tres de octubre de 1866, en las inmediaciones de la hoy ciudad de Miahuatlán, cuando 1,000 improvisados soldados mexicanos, con Porfirio Díaz al mando, derrotaron a 2,000 bien entrenados efectivos franceses del Segundo Imperio.

Salvo la cabecera municipal, las cinco agencias y 25 rancherías carecen totalmente de infraestructura básica. Ante esto, un nutrido grupo de habitantes de esta demarcación decidió mejorar sus condiciones de vida y comenzó, hace tres años, a luchar por energía eléctrica y pavimentación; los resultados de esa lucha se han concretando en importantes obras, además de las próximas ya concertadas con las autoridades estatales. Pues bien, con esta experiencia exitosa en su haber, decidieron conquistar el poder del municipio y acabar con el autoritario dominio de quienes han gobernado esencialmente para los habitantes de la cabecera que, con tal de beneficiarse, les han permitido enriquecerse, marginando al resto de las comunidades.     

El verdadero reto está por venir. Falta aun la prueba de fuego del poder que a muchos marea. Sin embargo, este ejemplo sirve como aliciente para que los humildes de todo el país, quienes muchas veces no dimensionan la fuerza de su unión y organización, ni confían en su capacidad, comprendan que se puede tomar el cielo por asalto; que pueden plantearse tareas de gran envergadura como, un día, por ejemplo, gobernar para todos sus hermanos de clase; que pueden empezar a construir una sociedad más justa y demostrar que los sectores populares tienen –como el famoso personaje cervantino Sancho Panza en la ínsula Barataria─ la disposición, las ganas y ante todo, la sensibilidad, para llevar responsablemente las riendas de su municipio.

Por ello la importancia del poema citado de don Marcos Rafael Blanco Belmonte, quien vio en los pobres la promesa de tiempos fecundos. Nuestro país está al borde de una crisis en todos los ámbitos; y la realidad demanda con urgencia el surgimiento de una nueva clase política que, en su búsqueda por justicia social, desarrolle más prosperidad para México, y más equitativo con todos sus habitantes. Su tiempo ha llegado