La importancia de la confianza

El hecho de que disminuya la confianza de los inversionistas, los consumidores y las calificadoras genera un entorno que dificulta el desarrollo económico.

Arturo Coronado

2019-11-17
Ciudad de México

En las economías de libre mercado, no infundir confianza o tener mala reputación puede ser la diferencia entre la sobrevivencia y la extinción. Para “medir” la confianza, el sistema se ha encargado de crear diferentes indicadores que permiten saber si algo o alguien es confiable con respecto al riesgo implicado en un proyecto de inversión.  Hemos encontrado varios de estos parámetros en esta columna, así que de manera breve resumiré algunos con el propósito de advertir por qué el desempeño de México resulta preocupante para los inversionistas que ven signos de descomposición económica.

Uno de ellos es el riesgo país EMBI+, que ha elaborado el banco JP Morgan Chase. Éste refleja la posibilidad de que un país no cumpla con los términos acordados en el pago de su deuda externa. En lo que va de este sexenio ya hubo su primer pico preocupante: 250 puntos, niveles no vistos más que en los momentos previos y posteriores a la crisis mundial de 2008. Dicho máximo coincidió con el anuncio de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM). En general, este indicador se mueve al compás de las noticias que ponen nerviosos a los mercados.

Otro es el Índice de Confianza del Consumidor. Este valor resulta de promediar índices captadores del sentir en los hogares mexicanos sobre su situación económica actual y la esperada. El mejor momento de tal registro fue en febrero de este año (48.5), pero mes con mes ha disminuido hasta el mínimo de 43.2 en julio. Algo parecido ocurre con la confianza empresarial, indicador que lleva seis meses cayendo un mes tras otro, particularmente en el sector manufacturero, donde hay un 5.5 por ciento inferior al de febrero.

En junio, la calificadora Fitch bajó el índice de BBB+ a BBB para México y Moody’s, por su parte, cambió la perspectiva crediticia del país de estable a negativa. Standard & Poors ya lo había hecho en marzo. La disminución en un escalón significa que existe mayor probabilidad de que el gobierno incumpla sus compromisos de pago; es decir, nos volvemos menos confiables y eso significa un mayor costo para el gobierno en el momento que necesite nuevos créditos o deba pagar los existentes. Estas mismas agencias también rebajaron la calificación de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Es interesante ver que las calificadoras, antes de degradar más las notas que otorgan, advierten sobre los factores riesgosos para la calificación de México: 1) acciones que debilitan el marco institucional; 2) cambios en el marco de política que generan incertidumbre y afectan la inversión y la actividad económica; y 3) desviaciones de la trayectoria de consolidación fiscal por mayores compromisos de gasto (o sea, que el gobierno gaste más de lo que pretende recaudar). Sería difícil enumerar en este espacio todas las decisiones que los poderes Legislativo y Ejecutivo han tomado en los últimos meses, y han ido en el sentido contrario a lo que recomiendan las calificadoras. Es decir, es altamente probable que la calificación baje aun más si no se ven cambios en la actitud del gobierno frente a esas recomendaciones.

El hecho de que disminuya la confianza de los inversionistas, los consumidores y las calificadoras genera un entorno que dificulta el desarrollo económico. Una economía capitalista como la nuestra, donde el sector financiero desempeña un papel cada vez más preponderante, se paraliza ante tantas señales de alarma, y es posible que con todas estas advertencias llegue un punto en el que salga de cauce y colapse aun más de forma poco previsible. No quiero ser ave de mal agüero, pero si a esto se suma el pronóstico de la mayoría de los analistas en el sentido de que se aproxima una recesión mundial, la cosa no pinta bien para la economía mexicana en los próximos años; y el daño aún puede ser mayor si el gobierno actual no corrige el rumbo de su política económica.