Veinticuatro horas en la vida de una mujer

Una respetable mujer de un comerciante y madre de dos niñas, se fuga con un atractivo joven francés “que recordaba a esos maniquíes de cera”

Editorial Esténtor

2019-11-05
Ciudad de México

“Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite.”

Stefan Zweig.

Esta novela corta en su gestación se entendió como un relato largo, incluido dentro de una antología llamada Confusión de sentimientos (1926). Para quien ha leído algún relato de Zweig sabrá de su fina manera de sumergirnos con su narración, quien describe con maestría las pasiones humanas. En Veinticuatro horas Zweig nos introduce en un dilema moral de tipo amoroso.

Todo comienza en el hotel Rivera, cerca de Mónaco, cuando Madame  Henriette, una respetable mujer de un comerciante y madre de dos niñas, se fuga con un atractivo joven francés “que recordaba a esos maniquíes de cera”, al que sólo llevaba conocido un día, o eso creían los ahí reunidos, quienes, tan pronto se fueron los amantes, comenzaron a opinar y a quererle encontrar una explicación a lo que había ocurrido, y si lo que había hecho la Madame era correcto o no, justificable o no.

“-¿Usted no encuentra, pues, odioso, despreciable, que una mujer abandone a su marido y a sus hijas para seguir a un hombre cualquiera, del que nada sabe, ni siquiera si es digno de su amor? ¿Puede usted realmente excusar una conducta tan atolondrada y liviana en una mujer que, además, no es ya una jovencita y que siquiera por amor a sus hijas hubiese debido preocuparse de su propia dignidad?”.

Fueron las palabras de Mistress C., la anciana y distinguida dama inglesa, que se encontraba escuchando a todos y que tomó la palabra en cuanto escuchó la opinión del narrador, quien respondió: “No veo por qué he de adoptar el papel de juez; prefiero actuar de defensor. Personalmente, me causa mayor satisfacción comprender a los hombres que condenarlos”.

El narrador nos introduce con esta historia para inmediatamente pasar a la que realmente nos quiere dar a conocer. Mistress C. lleva años guardando un secreto que no ha podido contarlo, pero el narrador le da tal confianza que ante él sí piensa confesar. Hija de unos ricos landlords de Escocia, que a sus 18 años conoció a su marido, quien muere repentinamente cuando ella tenía 40 años. Pero eso no es lo que ella quiere contar pues considera que su vida no es de importancia e interés para nadie, así que se enfoca en las 24 horas de su vida que no la dejan descansar. Todo comienza en un casino, donde conocerá unas manos adictas al juego que no la dejarán en paz…

En la época en que se desarrolla esta historia dominan las apariencias, casi nada ha cambiado nada hasta la fecha. Una persona, sobre todo una mujer, no puede apartarse de la moralidad por el miedo al “qué dirán”. Todos hemos sido testigos y/o víctimas de un engaño amoroso, hemos escuchado a nuestros hermanos, a nuestras amigos y familiares sobre cómo fueron engañados, y en cuanto nos cuentan sus historias todos nos convertimos en juez y parte. Pero casi nadie se para a preguntar qué llevó a aquellos “malditos infieles” a cometer tan “horrible pecado”, cuál es la causa real de su comportamiento hasta que cometemos el mismo “crimen”.

Veinticuatro horas en la vida de una mujer es una obra que recomiendo porque usted, querido lector, podrá identificarse, si es honesto, con algunos personajes sin mayor problema, y así adquiera - o refuerce, según el caso- la cualidad de escuchar antes de juzgar.