¿Es posible el arte dentro del capitalismo?

El arte en el capitalismo no solamente no ha desaparecido, sino que en ocasiones experimenta momentos en los que brotan nuevas expresiones creativas

Alan Luna

2019-10-20
Ciudad de México

 

Dentro de la economía capitalista existe legalidad sobre la producción, es decir, todo lo que se produce en los márgenes de este sistema adopta la lógica del modo de producción. Carlos Marx dice que dentro del capitalismo existe una tendencia hostil, porque todo lo producido en él corresponde a las necesidades de reproducción del capital. Es decir que existe una oposición entre el arte –actividad eminentemente creadora del hombre, en la que éste pone en juego toda su capacidad para desenvolverse, crear y transformar la naturaleza de acuerdo con sus aspiraciones e inquietudes– y el capitalismo, modo de producción que, como explica Marx en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, niega dicha capacidad creadora en el trabajador industrial, mismo que solo recibe órdenes y del que nunca se espera que cuestione el estado de cosas existente.

Pensar esta contradicción de manera simple conduciría, o a la simplificación de los planteamientos de Marx o a tirar a la basura una idea tan valiosa porque en la realidad resulte inoperante. El arte en el capitalismo no solamente no ha desaparecido, sino que en ocasiones experimenta momentos en los que brotan nuevas expresiones creativas nada desechables como formas de exponer pensamientos profundos acerca de la sociedad; es por esto que cabe el cuestionamiento sobre la vigencia de la tesis de Marx en torno a la hostilidad natural del sistema de producción capitalista hacia el arte.

Por lo anterior, resulta mejor pensar en la relación de manera compleja, pero más acertada. El que una tendencia o visión del mundo sea la dominante, no significa que solo ésta exista; de hecho, cuando decimos que una forma de ver el arte es dominante, corresponde a que implícitamente notamos la existencia de las visiones subordinadas. Es similar a la contradicción que existe en la sociedad de acuerdo con una forma de pensamiento: existe la forma dominante, pero también las dominadas.

En el caso del arte, la contradicción subsiste porque, aunque la sociedad quiera destruir lo que en los textos tempranos de Marx se nombra como “esencia” del hombre, el hombre mismo se esfuerza por no ceder a esta imposición de la lógica de producción; el hombre crea aún en las condiciones adversas que le son dadas; hace lo posible por transformar la naturaleza de acuerdo a un fin y esto, en sí mismo, provoca que sea complicada la exterminación o el abandono de las expresiones artísticas contemporáneas.

El capitalismo no puede evitar a la vida misma; y a lo largo de ésta, el hombre tiene contacto con la naturaleza exterior a su conciencia. Esta condición crea impresiones que dotan al ser humano de capacidades, preocupaciones y proyectos que luchan por expresarse de algún modo. En las condiciones hostiles al hombre se desarrolla una contradicción compleja: por un lado, la tendencia a menospreciar al arte por la naturaleza de lo que la sociedad busca, ya que el arte no parece útil de acuerdo con el concepto actual de utilidad pragmática; y, por el otro, las nuevas condiciones de existencia del hombre llevan la posibilidad de nuevas formas en que el artista pueda expresarse. El campo de acción de los artistas de las clases dominadas es tan grande como su enemigo, el arte dominante, y tan potente como la reacción hacia toda expresión creativa que cambie el estado de cosas establecido por la clase burguesa.