Encapsulando un insecticida

Ccasiona daños considerables en los cultivos.

Felipe Barrera Méndez

2019-10-20
Ciudad de México

 

La Drosophila suzukii (Matsumura), también conocida como “mosca del vinagre de las alas manchadas”, es una mosca de la fruta que ataca y se alimenta de varias de estas especies comerciales; los climas fríos y húmedos le son muy propicios, pero tiene gran capacidad para adaptarse a varias condiciones climáticas; posee un órgano aserrado que le permite depositar huevos no solo en los frutos en descomposición, sino también en los sanos, por lo que ocasiona daños considerables en los cultivos.

Un método para controlar a esta plaga es el uso de trampas donde se coloca insecticidas. Debido a su rápida degradación, baja toxicidad en humanos y alta efectividad a bajas dosis, el spinosad es considerado un insecticida ambientalmente seguro y una alternativa a los de amplio espectro para el control de plagas, entre ellos D. suzukii. El producto está formulado con dos moléculas –espinosina A, componente mayoritario y espinosina D, minoritario– ambas generadas por la bacteria Saccharopolyspora spinosa. Muchos factores reducen la eficiencia del insecticida en trampas, entre ellos la fotodegradación (descomposición de la molécula por acción de la luz solar).

Con el fin de minimizar las pérdidas de eficiencia y maximizar la vida útil del spinosad en trampas para moscas, en el Instituto de Ecología A. C. (Inecol) se han desarrollado sistemas de spinosad nanoencapsulado dentro de polímeros como el ácido poliláctico (PLA) y ácido poliláctico-co-glicólico (PLGA), ambos biodegradables, que una vez que cumplen con su función de proteger el insecticida y se liberan completamente, se degradan sin impactar en el medio ambiente. Dicha nanoencapsulación consiste en atrapar a las moléculas del insecticida dentro de partículas de los polímeros mencionados, las cuales son de tamaño nanométrico (rango comprendido entre la millonésima parte y la diez milésima parte de un milímetro).

El uso de partículas muy pequeñas hace muy grande el área superficial y aumenta la reactividad del pesticida, cuya cantidad requerida para controlar la plaga se reduce. Estudios realizados en Inecol demostraron que el mejor de los sistemas de encapsulación alcanza una eficiencia de captura cercana al 37 por ciento con un tamaño de partícula de 286 nanómetros (nm) (como referencia, un cabello humano muy fino tiene un grosor de 15 mil nm, y uno muy grueso de 170 mil nm). Aunado a esto, el spinosad nanoencapsulado se dispersa en agua sin necesidad del uso de solventes orgánicos como vehículo, los cuales aumentan el impacto al medio ambiente. Ensayos con el insecticida de nanoencapsulados de spinosad en moscas de D. suzukii demostraron que éstas comieron todo el cebo contenido en la trampa; mientras que en la que se utilizó el spinosad comercial, las moscas dejaron residuos porque pudieron haber detectado el aroma del insecticida, lo cual no ocurre cuando éste se encapsula.

A pesar de que el sistema desarrollado aumenta el tiempo de vida útil del spinosad, esta tecnología aún se encuentra en etapas tempranas, y la protección potencial que brinda a la molécula no compensa el incremento en el costo actual del nanoencapsulamiento del spinosad, ya que durante este proceso se pierde más de la mitad del insecticida, sin contar el polímero biodegradable que se le adiciona. Sin embargo, una vez que se elaboren insecticidas con mayor eficiencia a los actuales, la nanoencapsulación del spinosad será comercialmente más viable; disminuirá el número de las aplicaciones necesarias para controlar una plaga; se incrementarán los niveles de control a largo plazo y se reducirá su impacto negativo en el medio ambiente. Estos estudios fueron financiados por el proyecto (PDCPN-2015 n°1028).