Hablemos de transformación: la Reforma (segunda parte)

La Reforma, fue obra de la clase media, que con sus intelectuales y sus hombres instruidos con la cultura de los países desarrollados al frente, entendieron el camino que debían transitar para coronar los intereses de las clases emergentes del centro y de

Dimas Romero González

2019-10-07
Ciudad de México

La Reforma, tuvo su germen en los intereses económicos generados con el surgimiento de México como país independiente, pero se empieza a intentar aplicar con más contundencia a la caída de Antonio López de Santa Anna en 1855, y finalmente se concreta, con la caída del Imperio de Maximiliano de Habsburgo, en 1863.

La naciente República, en bancarrota, se debatió en la lucha entré los sectores económicos beligerantes, agrupados esencialmente en dos bandos, uno tradicionalista, de tendencia conservadora, integrado por los españoles peninsulares encumbrados junto al clero y el ejército, decididos a mantener su poder económico y por tanto político; el otro, identificado como liberal, heredero de la convicción borbónica de que la solución hacendaria estaba en desamortizar los bienes del clero, tanto para aliviar la deuda pública, como para que el capital sentara las bases de una economía moderna.

La guerra de Reforma representó para los mexicanos un paso determinante en el funcionamiento estructural y económico de la sociedad. Las medidas que estableció amenazaron los privilegios y las riquezas que el clero acumuló en el periodo colonial y que se afianzaron tras la independencia, con la que se halló emancipado, dueño de sí mismo y con un inmenso poder económico que no pensaba compartir. Los reformistas entendieron entonces, que enfrentarse a un poder de ese tamaño, sólo era posible anteponiendo otro poder, si no mayor, cuando menos sí de la misma magnitud. La gigantesca traslación de dominio de los bienes clericales, al estado, sólo podría hacerse creando en torno a su programa, derechos nuevos, derechos de particulares que se defendieran furiosamente contra las tentativas de restitución. Era darle espacio y protección a una nueva clase que se erigía como el puntal de desarrollo en el mundo, y en particular en el naciente país independiente. Y esa clase no era el pueblo humilde, sino la naciente burguesía mexicana.

A pesar de ello, la causa reformista tuvo adeptos en todos los sectores, pues cuando los pueblos alcanzan un nivel de desarrollo en las contradicciones que lo impulsan hacia adelante, no pueden menos que despojarse de las estructuras caducas que los aprisionan, que los encierran como una camisa de fuerza, y las destruye con el impulso de su determinación, abriendo paso a una nueva realidad. Apoyaron esa causa: los ricos que necesitaban tranquilidad para sus negocios, la naciente burguesía por el interés en los bienes del clero y las clases populares, por el vago anhelo de mejorar su precaria vida.

La Reforma, fue obra de la clase media, que con sus intelectuales y sus hombres instruidos con la cultura de los países desarrollados al frente, entendieron el camino que debían transitar para coronar los intereses de las clases emergentes del centro y de provincia, que peleaban lo ganado en la Independencia. Otra vez, un cambio, sí, pero no del todo en favor de los pobres, quienes fueron enganchados al tren de la historia y remolcados como la gran víctima en cada episodio histórico en nuestro país.

Ésta no fue tampoco una transformación, fue un cambio progresista sí, que se sacudió los resabios del poder español de corte conservador, encausándonos en la ruta de la sociedad moderna, pero que al pueblo trabajador no le dio el lugar que merecía. Lo prueba la sociedad que se constituyó en 1857, en la que se establece como eje rector de nuestra sociedad, la libertad del individuo sustentada en las derechos del hombre o como se les conoce el día de hoy, los Derechos Humanos, que no es otra cosa que el ideario filosófico de la sociedad económica capitalista que logró finalmente anteponerse a los restos de la época colonial en nuestro país, también el hecho, de que una vez triunfante el proyecto de gobierno liberal, no se profundizaran los cambios en favor de las clases populares, ni siquiera el nivel que proponía Maximiliano de Habsburgo, por ejemplo en la propuesta de devolver las tierras a los  pueblos indígenas y concederlas a quienes no poseían a alguna. 

El desarrollo y el progreso industrial del gobierno de Juárez, que favoreció todas las ramas de la producción, las inversiones, las comunicaciones, caminos y ferrocarriles y la colonización, requerían una clase trabajadora libre y educada para que estuviera a la altura de la modernización, de ahí que los cambios en favor de esta clase, llegaran solo a darles libertad civil y educación para que se adaptaran a los nuevas exigencias de la sociedad.