Memorias, de Daniel Cosío Villegas (II de III)

Entre sus apuntes, por ejemplo, destaca puntualmente que la junta fue convocada en julio de 1944, apenas un mes después de que se abrió el “siempre buscado y aplazado segundo frente” en Europa.

Ángel Trejo

2019-10-06
Ciudad de México

El tono autoritario que predominó en la Conferencia de Bretton Woods

En sus Memorias (Mortiz-SEP, 1976) Daniel Cosío Villegas dedica media docena de páginas a sus recuerdos de la Conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, Estados Unidos (EE. UU.), la mayoría de cuyas resoluciones configuraron el “nuevo orden económico internacional” que surgió inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Entre sus apuntes, por ejemplo, destaca puntualmente que la junta fue convocada en julio de 1944, apenas un mes después de que se abrió el “siempre buscado y aplazado segundo frente” en Europa, y cuando París continuaba en manos de los nazis. Por ello el gobierno francés en el exilio, liderado por el general Charles de Gaulle, solo pudo enviar un representante desde Argel, Pierre Mendes France, quien llegó tarde y mal informado, algo que pudo haber sido calculado por el gobierno de EE. UU.

Hay otros apuntes de Cosío Villegas no menos reveladores y concluyentes sobre la famosa conferencia imperialista: “La verdad de las cosas es que en el clima general de la Conferencia se echaron de ver desde el comienzo dos rasgos distintivos: un tono autoritario y el deseo vehemente de evitar cualquier desavenencia para dar la impresión a todo el mundo, lo mismo al enemigo (Alemania-Italia-Japón), que al de los ‘Aliados’ en la guerra contra el Eje. El tono autoritario provenía de estar combatiendo con las armas o de sentirse fuertes, sobre todo Estados Unidos y Gran Bretaña, así como de la experiencia directa de la guerra, cuyo costo principal y altísimo corría por cuenta de estos dos países y de la Unión Soviética, con la particularidad de que ésta no se interesó de verdad ni en el Fondo Monetario Internacional (FMI) ni en el Banco Mundial (BM), de los que nunca llegó a ser miembro”.

Tras reseñar las molestias que el voto de México contra la propuesta de nombre del Banco Mundial de Reconstrucción y Fomento (BM) suscitó entre los delegados de EE. UU. y Gran Bretaña –en rigor, una acción irrelevante─ Cosío hace la siguiente crítica-denuncia: “Como he dicho antes, los manejadores de la Conferencia querían que no hubiera una sola disonancia, de modo que aquello se vio como un grito de rebeldía que condujo a todos los países, sobre todo los latinoamericanos, a luchar contra el sistema de gobierno ideado por los ‘Grandes’, a saber: cada país tendría un poder de decisión directamente proporcional a la cuantía del capital que aportara al Banco, lo cual quería decir que EE. UU. tendría fácilmente el 50 por ciento; Gran Bretaña, el 25; Francia, el 10; y México, en el mejor de los casos, dos décimos del uno por ciento. Se llegó al acuerdo de que, independientemente de sus aportaciones, los países latinoamericanos tendrían dos representantes permanentes en la junta de gobierno tanto del Banco como del Fondo”.