El imperialismo andaluz y otras historias, de Antonio Castro Leal

Fue uno de los jóvenes que en 1916 fundaron la Sociedad de Conferencias y Conciertos para difundir el arte entre los estudiantes de la Ciudad de México.

Ángel Trejo

2019-09-15
Ciudad de México

Antonio Castro Leal (San Luis Potosí 1896-Ciudad de México 1981) fue autor de 27 libros donde predominan el ensayo crítico, la investigación biográfica y dos colecciones, una de poemas y otra de relatos cortos: El imperialismo andaluz, publicado póstumamente en 1984 en la colección Letras Mexicanas, coeditada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) y la Secretaría de Educación Pública (SEP). Castro Leal dedicó su vida intelectual al estudio de otros autores mexicanos y extranjeros. Entre los primeros destacan biografías literarias de los poetas Juan Ruiz de Alarcón, Salvador Díaz Mirón y Manuel José Othón. Fue uno de los jóvenes que en 1916 fundaron la Sociedad de Conferencias y Conciertos para difundir el arte entre los estudiantes de la Ciudad de México, quienes en respuesta a esta pretensión los motejaron con el apodo “Siete sabios”. Este grupo fue integrado además por Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Jesús Moreno Baca, Alfonso Caso, Alberto Vázquez del Mercado y Teófilo Olea y Leyva.

Castro Leal fue rector de la Universidad Nacional entre 1928 y 1929, medio año antes de que ésta obtuviera su autonomía y se convirtiera en UNAM. En 1934 fue director del Instituto Nacional de Bellas Artes; en 1940 fundó y dirigió la Revista de Literatura Mexicana; en 1949-1952 fue embajador de México ante la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) y en 1953-1954 subsecretario de ésta. En 1955 ingresó al Colegio Nacional y se hizo cargo de la Colección de Escritores Mexicanos y de la traducción y prólogo de algunos libros de la colección Sepan Cuántos de la editorial Porrúa. En El imperialismo andaluz, que reúne 10 relatos cortos, Castro Leal evidencia limitaciones para la fantasía literaria –es decir, para inventar personajes y situaciones irreales– pero a cambio muestra gran creatividad alegórica. En estos textos se advierte, asimismo, cierta disputa entre las dos grandes vertientes de la prosa: la relación directa o “natural” de hechos reales o ficticios y el uso manifiesto de imágenes poéticas para enriquecer las historias. El dominio de la opción digresiva es ostensible en sus cuentos, en particular el que da nombre a la colección.

En este relato, el doctor Miguel Potosí (seudónimo de Castro Leal), lee una conferencia en la Universidad de Jena, Alemania, invitado por su rector y doctor en filosofía Schultzberger, donde empieza por cuestionar si el trabajo es “bueno” o “malo” tras su imposición al hombre como un castigo del “laborioso Dios del libro Génesis. Luego de esta digresión, Potosí profetiza que una vez reducidas “al mínimo las ocasiones del trabajo”, los pueblos que “se han dedicado más tiempo al ocio” (latinos), prevalecerán sobre los que se han sometido a la “nefasta política del trabajo por el trabajo mismo” (sajones). La victoria futura del  imperialismo andaluz sobrevendrá, aduce Potosí, porque en “muchos hombres, el trabajo no es más que la incapacidad fundamental para darle un destino superior al ocio”; porque el “trabajo ciega y aturde, no deja ver la vida ni el alma”; porque el “ocio es un arma” y porque, como una vez dijo un filósofo-camarero de café en Sevilla, “si el trabajo juera güeno ya lo hubieran acaparao lo rico”.