“El cuaderno verde del Che”

El Che demuestra con creces esta sensibilidad, pues no sólo se inconformaba, sino que estaba dispuesto a poner “el pellejo para demostrar sus verdades”.

Editorial Esténtor

2019-09-13
Ciudad de México

#RecomendaciónDelCorrector

"He tenido mis momentos de abandono o más bien de pesimismo... cuando eso ocurre como cosa transitoria de un día, yo lo soluciono con unos mates y un par de versos": Che Guevara.

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De entrada, te recomiendo este libro, querido lector, porque incluye poetas de talla internacional. Pero Antologías hay muchas. ¿Qué la hace, entonces, especial? Que esta antología goza del prestigio -y la curiosidad, diría yo-, de ser una selección del guerrillero heroico, el Comandante Ernesto “Che” Guevara. Ultimadamente, quién la hace es la importancia de cualquier antología.
Pero, ¿cuál es la historia de ésta? A pesar de toda la publicidad imperialista de querer hacernos ver al Che como un hombre insensible, homofóbico y asesino, para quienes comulgan con sus ideas y fueron beneficiados por su labor revolucionaria no es desconocido que el Che fue un hombre con una gran sensibilidad, siempre el primero en todo y capaz de sacrificarse en las tareas de mayor envergadura, actitud aparentemente contradictoria en una persona que no dudaba en disparar a matar. Sus enemigos olvidan que estaba en una guerra.
El Che fue un hombre exigente, en primer lugar, consigo mismo, un hombre de una voluntad de acero, convencido de que la batalla por la liberación de los pueblos exige de los luchadores toda su entrega en cuerpo y alma. ¿Cómo se formó esa convicción? Su observación de la miseria, el testimonio de la explotación, su estudio del marxismo-leninismo y, sobre todo, su gran sensibilidad, alimentada siempre, como componente esencial, por la literatura y, en especial, por la poesía, le dieron esa voluntad de acero.
El ingeniero Aquiles Córdova Morán señala en su última obra, “Poesía y Lenguaje”, que “la poesía es un artículo de primera necesidad para el pueblo. Un hombre insensible no se va a estremecer ante la miseria ajena, no se va a indignar ante la injusticia o ante los abusos de los poderosos. Afinar la sensibilidad, vibrar con el primer toque, con el primer arañazo que nos dé la vida, que nos dé la realidad, sea la realidad social, la material, la natural o la íntima-sentimental; vibrar así es hacerse un hombre mejor, es hacerse más capaz de sacrificarlo todo, incluso, con tal de ayudar a los que lo necesitan”. El Che demuestra con creces esta sensibilidad, pues no sólo se inconformaba, sino que estaba dispuesto a poner “el pellejo para demostrar sus verdades”.
Cuando el Che fue detenido en Bolivia en 1967, oficiales militares de ese país y agentes de la CIA decomisaron su mochila; en ella encontraron un diario de campaña –el famosísimo Diario del Che en Bolivia-, rollos fotográficos, un radio portátil, un par de agendas y un cuaderno de pastas verdes. El Ejército boliviano guardó este último en una caja fuerte. Parecía estar destinado al olvido. “Pocas horas más tarde, el dueño de la mochila fue asesinado en la escuelita de La Higuera y sus breves despojos terrenales repartidos”.
En agosto de 2002, Taibo II, obtuvo una copia: un “viejo amigo del autor, compañero fuera de toda sospecha, me puso sobre la mesa un paquete de fotocopias”. Se trataban de 150 páginas de poesías de Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Cesar Vallejo y León Felipe. De nadie más. El también biógrafo del Che supone que quizá “la escritura del cuaderno se había iniciado al final de su estancia en Dar es Salaam, después de la campaña del Congo en el 65, quizá en la larga espera en Praga antes de los entrenamientos en Pinar del Río (Cuba) previos a la campaña de Bolivia”. Sostiene: “Es una antología muy singular, en la cual lo dominante son poemas intimistas, poemas de amor que demuestran la doble pulsión que dominó al Che toda su vida: lo que percibía como la necesidad de violencia y su carácter romántico, en el mejor sentido de la palabra, no sólo romántico amoroso, sino romántico ideológico. En términos generales, me pareció que hizo la antología para no traer la mochila repleta de libros, que de todos modos la traía repleta de libros”.
Entre las poesías que podemos encontrar están: “Los heraldos negros”, “Los dados eternos”, de Vallejo; “Farewell”, “La canción desesperada”, de Neruda; “Mulata”, “Canto negro”, “Sensemayá”, de Guillén, y “Noche cerrada”, “Cristo” y “La gran aventura”, de León Felipe.
De los cuatro poetas, el Che sólo no conoció a César Vallejo. Murió antes que aquellos tres. Seguramente, los poetas al enterarse de que un hombre de la talla del Che fue acompañado en su última aventura por sus poemas, reafirmaban la valía de sus obras. Este libro es un testimonio muy valioso de cómo la poesía puede ser una compañera en los momentos más íntimos y más difíciles de la vida, sobre todo si se ha elegido dar la vida por la liberación de los pueblos y la lucha en favor de los pobres del mundo. Como escribe el ingeniero Córdova Morán: “Leer poesía. Ésa es la tarea.
Por eso, los invito a leer poesía y, en especial, esta bella antología. Quizá cuando el Che se encontraba frente a su verdugo, pensó en los versos de León Felipe:

...cuando vuelve don quijote la cabeza hacia la Tierra
le pregunta al escudero:
¿Qué significa esto, Sancho amigo?
Sancho se arrodilla y le besa la mano llorando…
Quedan así juntos los dos.
Quietos,
inmóviles,
como parados en el Tiempo…
En la Historia sangrienta de los hombres…
Y ahora… ¿dónde vamos, señor?, dice el escudero…
…………………………………………………..
¡ALTO!