La dictadura parlamentaria de facto

En el Congreso, además de los órganos de dirección, los lopezobradoristas controlan y secuestran la agenda

Álvaro Ramírez

2019-09-08
Ciudad de México

Una revisión somera de las actitudes del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) como mayoría parlamentaria, y aun como grupo político autodenominado “Cuarta Transformación” (4T), sugiere una imagen que quizás no resulte tan desorbitada: dictadura de facto.

Se trata, por supuesto, de un calificativo maniqueo, pero sin duda hay pruebas irrefutables de que, al menos en las dos cámaras del Congreso de la Unión, actúa una nueva mayoría rapaz que desdeña cualquier asomo de democracia y cortesía hacia el opositor.

El pasado 1° de septiembre, con el inicio del primer periodo ordinario de sesiones del segundo año de ejercicio de la LXIV Legislatura ocurrió, como habíamos previsto en otras entregas, que Morena y sus partidos aliados intentaran no tener con las presidencias de las mesas directivas del Senado de la República y de la Cámara de Diputados, pasando por encima de acuerdos políticos, incluso sobre la Ley Orgánica.

Ése es, sin duda, un rasgo autoritario y, con disculpas por el exceso de la palabra, dictatorial.

Esa misma actitud se dejó ver la semana pasada cuando los morenistas acapararon las comparecencias de los secretarios de Estado en el arranque de la glosa del Primer Informe del Gobierno constitucional de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al que, por cierto, bautizó como “Tercer Informe” porque en su cuenta personal, y a su estilo muy personalista, el primero fue el que dio al cumplir 100 días de administración y el segundo el que rindió el 1° de julio pasado para celebrar su triunfo de 2018. Otra actitud absolutista, aunque apenas anecdótica.

Pero el problema de Morena, AMLO y su coro de aplaudidores no está solamente en las formas, sino en el fondo de los cosas y lo temas. En el Congreso, además de los órganos de dirección, los lopezobradoristas controlan y secuestran la agenda. El manejo absoluto de la agenda del periodo que se inició el pasado 1° de septiembre y que terminará a mediados de diciembre, se debe a que predominan en ella los temas prioritarios que interesan al titular de Ejecutivo.

También, desde luego, al hecho de que en las dos cámaras no se pondera otra decisión que la del caudillo, el Presidente de la República, y la consigna de que sus iniciativas no deben hallar resistencias, críticas o aportaciones sustanciales de la oposición. De ahí que el poder se ejerza actualmente, al menos en el Ejecutivo y el Legislativo de México, de modo unipersonal y que los asuntos tengan que resolverse en los tiempos y las formas que define el tabasqueño. Por ejemplo, en lo que puede considerarse casi un desliz, el año pasado el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal Ávila, y sus cercanos, impulsaron una iniciativa que pretendía regular las abusivas comisiones que los bancos cobran por sus servicios financieros. La propuesta, de manera extraordinaria, no tenía el remitente de la presidencia lopezobradorista, sino que formaba parte de la agenda de Monreal y sus senadores allegados. El destino de esa iniciativa fue el fracaso y hasta la descalificación pública que de ella hizo el mismo AMLO. Ése fue solo un ejemplo. De ahí que haya resultado muy atinada la intervención de la senadora del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Beatriz Elena Paredes Rangel, cuando habló de autoritarismo al fijar la posición de su partido en el arranque del periodo ordinario del Congreso de la Unión.

Paredes Rangel Se refirió principalmente a la 4T, pero los adjetivos y los reclamos le quedaron bien al morenismo en general y al morenismo parlamentario en particular. La senadora exigió congruencia a los lopezobradoristas, les reprochó sus actitudes dictatoriales y el extravío histórico en que están cayendo ahora que son mayoría y los abusos de poder en que ahora incurren y que en el pasado, cuando eran minoría, criticaron. “Hubo una victoria legítima, es cierto. Fue una elección conducida por instituciones respetables. Una elección, no una revolución. “Ganaron el derecho a gobernar dentro de los parámetros del régimen de división y equilibrio de poderes. Conquistaron el derecho de conducir el Estado nacional sin corroer el estado democrático… ojalá que no caigan en los errores de sus antecesores”. Que quede constancia.