Poesía y lenguaje, de Aquiles Córdova Morán

“Ésa es la tarea: rescatar la poesía, conocerla profundamente, estudiarla, leerla y leerla mucho y, finalmente, declamarla, tomar esa letra muerta y revivirla”.

Tania Zapata Ortega

2019-09-05
Ciudad de México

“El arte nace del pueblo, es éste realmente la madre, la matriz de donde nace, y el artista es un gran plagiario –como dijo alguna vez Juan Ramón Jiménez– porque recoge lo que el pueblo dice, lo que canta, lo que siente, lo que llora, lo que celebra y con su talento transformador, haciendo uso de las distintas disciplinas artísticas, le da forma, produciendo así la obra de arte”. Dice el ingeniero Aquiles Córdova Morán, autor de Poesía y Lenguaje, en el prefacio a esta valiosa obra, que vio la luz el pasado cuatro de septiembre y cuya impecable edición corrió a cargo de Editorial Esténtor.

Fiel al propósito de toda su vida, de organizar y educar al pueblo mexicano, el autor ha escrito 17 libros y sus artículos, discursos, conferencias y cursos se cuentan por miles; su visión del arte y la cultura como una necesidad para alumbrar el camino de los humildes en su lucha por mejorar su vida, eliminando la desigualdad social, hace de cada una de sus intervenciones en público una experiencia enriquecedora; la lectura de sus obras sobre ciencia, historia, literatura, política, música o pintura, lo definen como un intelectual completo, al servicio de los grandes ideales de la humanidad.

El ingeniero Aquiles Córdova Morán, fundador y líder nacional del Movimiento Antorchista, dedica este nuevo libro no a los eruditos, a los expertos en poesía y que viven de ésta, sino a quienes “alguna vez tengan necesidad de echar mano del lenguaje poético para dirigirse al pueblo”. Poesía y Lenguaje forma, pues, en las filas de los libros destinados a iluminar la senda de los humildes de nuestra patria y del mundo. El eros pedagógico, el deseo de divulgar la belleza de la poesía, campea por sus páginas, en las que el autor reconoce como propósito fundamental “acercar lo mejor que se pueda algunos temas culturales a la gente, principalmente a los que sean o quieran ser declamadores y poetas, para que los lectores se vayan interesando, poco a poco, en la poesía; tiene la intención de cautivar a la gente, paso a pasito pero sin descanso, sin desmayo, hasta lograr que la poesía tome carta de naturalización entre ella, hasta lograr que no se oiga la poesía a fuerza, sino que realmente se aprecie, se escuche con gusto, con placer y con deleite, que se entienda y, al hacerlo, los lectores se conmuevan con ella y se vayan convirtiendo en amantes de la poesía, de tal manera que más adelante no solamente la escuchen, sino que la exijan y se propongan llegar a ser verdaderos declamadores populares”.

Diez son las secciones en que se divide este libro; en las primeras ocho, el autor pone a nuestro alcance, con verdadero espíritu didáctico, valiosas reflexiones en torno a las bellas artes y sistematiza un conocimiento largamente adquirido en torno a los géneros poéticos, el lenguaje figurado, los tropos, las figuras del pensamiento, la poesía, las licencias poéticas y las combinaciones métricas.

En la sección novena, Editorial Esténtor completa la tarea, agregando una antología poética, cuidadosamente cotejada en fuentes confiables, de los autores citados, para real disfrute de los lectores.

“La verdadera tarea de un poeta, la que diferencia a un verdadero poeta de uno improvisado –dice el autor de Poesía y lenguaje en sus Conclusiones–, es cómo encuentra la forma interna adecuada para el tema que desea tratar, de modo que sí exprese su asunto sin fallar, sin hacerlo difuso o confuso y, al mismo tiempo, logrando una forma externa bella, tomando en cuenta todos los elementos que sirven para crear poesías bellísimas”.

Este ameno libro, en manos de maestros y alumnos de declamación, viene a cubrir una necesidad. La declamación, asignatura hace tiempo relegada al desván de los trastos inútiles por el sistema educativo, debe prender en el pueblo, ávido de ideas elevadas y bellas: “Ésa es la tarea: rescatar la poesía, conocerla profundamente, estudiarla, leerla y leerla mucho y, finalmente, declamarla, tomar esa letra muerta y revivirla, revivirla tan bellamente como en su momento la pensó el poeta”.