Medir correctamente la pobreza

La mayoría de los estudiosos coinciden en que el fenómeno ha crecido aceleradamente y que el número de pobres es cada vez mayor

Redacción

2019-08-31
Ciudad de México

Existen dos formas de medir la pobreza; una de ellas trata de presentarla con los mejores matices, borrando de su imagen toda la fealdad que la caracteriza, maquillándola para que nadie se alarme ni pretenda modificar la realidad. La otra, por el contrario, intenta conocer profundamente el fenómeno de la manera más exacta y proporcionar información fidedigna a los organismos encargados de erradicarlo; ésta es la medición científica, correcta y responde al interés de las mayorías; la primera, anticientífica, incorrecta e irracional solo puede ser en interés de una reducida minoría.

Tema de la máxima importancia ha sido siempre para buzos el crecimiento imparable de la pobreza, los diferentes métodos para su medición y los grados en que la pueden sufrir los mexicanos, desde una moderada hasta la extrema pobreza.

La mayoría de los estudiosos coinciden en que el fenómeno ha crecido aceleradamente y que el número de pobres es cada vez mayor; pero no todos coinciden en la definición de “pobre” y, en consecuencia, no hablan de lo mismo; para unos, basta con que un ciudadano haya completado la educación básica o que la vivienda tenga piso de cemento para no considerar a una familia en esta condición.

Las estadísticas oficiales al respecto son las más inexactas, las más optimistas y menos confiables, porque no consideran todos los aspectos que dan como resultado un estado de pobreza: aspectos como la atención médica y otros servicios indispensables (luz, agua potable, drenaje, vivienda digna, etc.). Las instituciones del Estado encargadas de evaluar estadísticamente el problema son las que menos se acercan a la verdadera dimensión del mismo, y por lo tanto al planteamiento de medidas correctas para solucionarlo.

Cuando se trata de la causa más profunda, pocos son quienes la atribuyen a la terriblemente injusta distribución de la riqueza nacional, a la abismal diferencia entre el ingreso de los ricos y los pobres; ni el Estado ni los investigadores a su servicio reconocerán jamás esta realidad, y por lo tanto es imposible que propongan soluciones encaminadas a eliminar o siquiera a disminuir considerablemente el fenómeno, por ejemplo con la implantación de una progresiva política de impuestos.

Existen, sin embargo, investigadores e instituciones que, empleando procedimientos científicos, miden con mayor precisión el problema y contrastan la realidad con las cifras que el Estado presenta como buenas. Del contraste entre estas dos visiones opuestas se ocupa esta semana nuestro reporte especial.