El caballero encantado, de Benito Pérez Galdós (I de II)

En El caballero encantado, cuento real e inverosímil, los elementos míticos son simbólicos e invocan entidades físicas, como ocurre en la realidad cotidiana de la mayoría de las personas.

Ángel Trejo Raygadas

2019-07-15
Ciudad de México

Considerada una de sus pocas obras no realistas –junto con La razón de la sinrazón (1915)– en El caballero encantado (1909) Benito Pérez Galdós incursiona en mucho más que la “mitología” o la “magia milagrera”, pues en esta novela propone una fórmula para convertir a un parásito de la aristocracia medieval española del siglo XIX (época de la Restauración: 1874-1931) en un luchador del socialismo marxista que aspira a vivir en una república comunista. Esta lectura se sustenta en la historia misma de la novela; en el componente naturalista de gran parte de la obra galdosiana –integrada con 110 títulos de ficción, teatro, ensayo, periodismo político– y en la estrecha amistad que Pérez Galdós mantuvo con Pablo Iglesias Messe, fundador del Partido Obrero Socialista Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT), instituciones nacidas marxistas en 1879 con el influjo tardío de la Asociación Internacional de Trabajadores (OIT-1864-1876, también conocida como Primera Internacional).

En El caballero encantado, cuento real e inverosímil, los elementos míticos son simbólicos e invocan entidades físicas, como ocurre en la realidad cotidiana de la mayoría de las personas. Carlos de Tarsis y Suárez de Almondar, Marqués de Mudarra, Conde de Zorita de los Canes, Assur, Hijo del Victorioso, “señorito muy galán y de hacienda copiosa”, es encantado por la Madre–Doña María (el alma de la raza española) mientras se halla de visita en la casa-biblioteca de su amigo José Augusto de Becerro, genealogista y nigromante. Ello ocurre cuando en un espejo de marco negro, en lugar de su propia figura, ve a Cintia, hermosa y adinerada joven colombiana de la que está enamorado y de quien se había alejado porque ésta iba a casarse con un diplomático europeo. Hablan, se reconcilian y prometen verse en el futuro. Soñoliento y maravillado, Tarsis duerme esa noche en casa de Becerro; pero al día siguiente amanece en un lugar distante.

Despierta en el pajar de un establo aldeano de Algares, donde es peón agrícola y se llama Gil. Más adelante será pastor en Clunia, Coruña del Conde (pueblo del que fue gobernador Poncio Pilatos); picapedrero en Numancia; mendigo en Catalañazor; esclavo en Boñices (donde se llamará Florencio Cipión) y finalmente será salmón en el río Tajo, en cuyo fondo habitará en una campana de cristal para después recobrar su anterior hábitat socioeconómico. En Boñices se reencuentra con Cintia, quien también ha sido encantada, reeducada e inducida a convertirse en maestra rural con el nombre de Pascuala. Ambos padecen explotación, abusos y prisión de parte de patrones, gobernantes y caciques, entre quienes resaltan los Gaitanes, Gaitines y Gaitones. Otros personajes relevantes de la novela son el marqués de Torralba de Sisones, Asensio Ruiz del Bálsamo, Ramiro Núñez; los campesinos José Caminero y señá Usebia; el maestro de escuela don Alquiborontifosio de las Quintanas Rubias (Quiboro) y Bartolomé Cíbico, varillero o comerciante ambulante pueblerino que se hace muy amigo del caballero y lo guía por diversas regiones de la España rural del siglo XIX.