Campanas al vuelo y sumisión

El gobierno de la 4T no logra dimensionar que la inversión solo es otro mecanismo de control del imperio, porque los países subdesarrollados se le están convirtiendo en un verdadero problema.

Capitán Nemo

2019-07-09
Ciudad de México

Es preocupante que el Presidente de la República caiga en el optimismo y que, como ocurrió en una de sus más recientes conferencias mañaneras, haya dicho que estamos mejor que nunca y que todo está marchando “requetebién”. Cuando un periodista citó información económica que coloca al país en riesgo de colapso, dijo tener “otros datos”, y recurrió a la burla y al escarnio contra éste. Su actitud resulta grave porque, además de expresar demasiada autoconfianza, exagerar cualidades propias y renunciar a la autocrítica, lo evidencia como un actor político que obra sin contrapesos en el uso del poder, ya que por esta vía intenta tomar como rehén a la población.

Pero el mandatario no advierte que al echar las campanas al vuelo está provocando un enorme malestar en los mexicanos menos afortunados, quienes representan más del 80 por ciento de la población nacional, cuya grotesca realidad desmiente a cualquiera de los intelectuales orgánicos de Morena, por muy “ganso que sea”. Veamos los últimos yerros de esta rara “izquierda”, cuya pérdida de la bravura que en otros tiempos tenía, la ha llevado a la sumisión más ostensible ante los intereses de la nación que enseñorea al capitalismo global: Estados Unidos.

El presidente Donald Trump, amenazó con poner aranceles a los productos mexicanos si México no realizaba acciones para detener el flujo migratorio. Para evitar que se concretara dicha amenaza, la cancillería mexicana tuvo que aceptar, entre otras cosas, militarizar las fronteras. Pero aun con esto, Trump anunció que revisará el cumplimiento de este compromiso y que en 45 días dará a conocer su evaluación. El 25 de julio vencerá el plazo y entonces se podrá apreciar que tan eficiente ha sido el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) para hacerle el trabajo sucio a Estados Unidos. El discurso del gobierno mexicano actual de que trataría a los migrantes extranjeros como hermanos y que les daría toda la ayuda humanitaria ha cambiado radicalmente y ahora, ajustado al discurso de Trump, criminaliza a los migrantes y fomenta el odio contra ellos –lo que, dicho sea de paso, le sale muy bien– para ganarse sus felicitaciones.

La militarización de las fronteras mexicanas se ha consumado. Se persigue y acosa a todo aquel que tiene facha de centroamericano obligándolo a identificarse. Las empresas de autobuses ahora tienen la obligación de no subir a nadie que no demuestre ser mexicano. Y ante todas estas violaciones a la vida y a los derechos humanos universales, el Presidente festeja como un triunfo que su gobierno haya ganado 45 días de prórroga y logrado que Estados Unidos invierta en el desarrollo de Centroamérica.

El gobierno de la 4T no logra dimensionar que la inversión solo es otro mecanismo de control del imperio, porque los países subdesarrollados se le están convirtiendo en un verdadero problema. El que revise el proceso histórico de América Latina no encontrará un solo ejemplo de cosas buenas que el imperio haya llevado a los países que integran esta región; todo lo contrario, solo han llevado extermino, enfermedades, golpes de Estado, intervención militar y otras calamidades. Por si fuera poco, el gobierno mexicano invertirá 100 millones de dólares en Centroamérica para darle gusto a su homologo yanqui; lo publicita como un gran logro, mientras aquí se cierran estancias infantiles y se deja a la deriva a jóvenes artistas, científicos y deportistas.

López Obrador menosprecia los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) que informan que el empleo decreció en un 88 por ciento en el mes de mayo; debería saber que en México urgen las inversiones para crear empleos; los académicos que forman parte de su gabinete tendrían que haberle informado que las cifras reales del desempleo y la informalidad son escalofriantes. El Presidente no solo miente, lo hace sin remordimiento; para defender a su gobierno asegura que se exageran las cifras, que no se toman en cuenta los 200 mil jóvenes contratados en el programa Sembrando Vida, ni el millón de becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro.

Pero estos programas distan mucho de ser empleos formales que generen ingresos para sus beneficiarios, toda vez que se trata de programas asistencialistas pagados con impuestos de los mismos trabajadores y que pasarán sin pena ni gloria. Por último, el Presidente celebra también la ratificación por parte del Senado del Tratado de Libre Comercio de México, Estados Unidos y Canadá como una muestra de la fortaleza de la economía mexicana. Pero el TLCAN ya existía y el ahora llamado TMEC solo es el reflejo de las nuevas restricciones al comercio mexicano y de nada sirve si las variables económicas de nuestro país se mantienen en su mismo estancamiento de los últimos 30 años. La historia de estos acuerdos internacionales evidencia que cuando al gobierno de Estados Unidos se le ocurre gravar los productos mexicanos, porque así conviene a los intereses de su país, lo hace sin que nada ni nadie se lo impida.

Lo hemos dicho reiteradamente: negar la realidad se convierte en un juego peligroso porque se juega con el hartazgo y la paciencia de un pueblo que creyó en la consigna “primero los pobres” y que ahora constata que la verdadera orientación del gobierno va en sentido contrario.