La amistad entre grandes poetas renacentistas

Juan Boscán se refleja en sus sonetos, de una dulce perfección, en los que adapta al castellano los modelos poéticos de Dante, Petrarca y Bocaccio; la influencia de su coterráneo Ausiàs March también se deja sentir en la temática de su poesía.

Tania Zapata Ortega

2019-07-02
Ciudad de México

Fue el poeta español Juan Boscán (Barcelona, 1500-1542) amigo de otro grande, Garcilaso de la Vega; ambos sintieron llegar el huracán que cambiaría para siempre las artes y las letras, abrieron las puertas a la influencia de la lírica italiana renacentista y, abandonando los viejos metros castellanos, iniciaron una revolución literaria, componiendo “al itálico modo” y adoptando el metro endecasílabo. A la muerte de Garcilaso, Juan Boscán comenzó a reunir los versos de su entrañable amigo para publicarlos junto a los propios; la muerte lo sorprendió antes y sería su viuda, Ana Girón, quien publicaría la obra póstuma. El siguiente soneto atestigua esta afinidad personal e intelectual, solo posible entre grandes espíritus.

Garcilaso que al bien siempre aspiraste,

y siempre con tal fuerza le seguiste,

que a pocos pasos que tras él corriste

en todo enteramente le alcanzaste.

Dime: ¿por qué tras ti no me llevaste,

cuando desta mortal tierra partiste?

¿Por qué al subir a lo alto que subiste,

acá en esta bajeza me dejaste?

Bien pienso yo que si poder tuvieras

de mudar algo lo que está ordenado,

en tal caso de mí no te olvidaras.

Que, o quisieras honrarme con tu lado,

o, a lo menos, de mí te despidieras,

o si esto no, después por mí tornaras.

La fina sensibilidad de Juan Boscán se refleja en sus sonetos, de una dulce perfección, en los que adapta al castellano los modelos poéticos de Dante, Petrarca y Bocaccio; la influencia de su coterráneo Ausiàs March también se deja sentir en la temática de su poesía, en la que el asunto amoroso adopta una forma serena y armoniosa en la que se manifiesta su individualidad, clave de la lírica renacentista.

Quien dice que la ausencia causa olvido

merece ser de todos olvidado.

El verdadero y firme enamorado

está, cuando está ausente, más perdido.

Aviva la memoria su sentido;

la soledad levanta su cuidado;

hallarse de su bien tan apartado

hace su desear más encendido.

No sanan las heridas en él dadas,

aunque cese el mirar que las causó,

si quedan en el alma confirmadas,

que, si uno está con muchas cuchilladas,

porque huya de quien lo acuchilló

no por eso serán mejor curadas.

Las obras de Juan Boscán se dividen en tres libros: el primero, formado fundamentalmente por villancicos, glosas y letrillas, agrupa sus poesías escritas en metros y estilo de los antiguos poetas y su autor los llama “a la castellana”; el segundo es una recopilación de 92 sonetos y diez canciones compuestos “al itálico modo” y el tercero es la traducción de Hero y Leandro, poema alegórico-erótico del italiano Bembo. Tradujo también Il Cortigiano (El Cortesano), de Baldassare Castiglione y se le atribuye una obra histórica titulada Las guerras de su tiempo.

Otro de sus grandes amigos fue Diego Hurtado de Mendoza, con quien entabla una correspondencia literaria, considerada una de las mayores aportaciones de Boscán. Su respuesta a la carta de Don Diego es un modelo de sátira epistolar moralizante y se compone de 134 tercetos encadenados: versos endecasílabos en los que el primero rima con el tercero y el segundo rima con el primero y tercero de la estrofa siguiente. Por su defensa de la aurea mediocritas (dorada medianía) en este extenso poema, se ha dicho de Boscán que inaugura la estética de la paz doméstica burguesa.

En tierra do los vicios van tan llenos,

aquellos hombres que no son peores,

aquéllos pasarán luego por buenos.

Yo no ando siguiendo a los mejores;

bástame alguna vez dar fruto alguno;

en lo demás, conténtome de flores.

No quiero en la virtud ser importuno,

ni pretendo rigor en mis costumbres;

con el glotón no pienso estar ayuno.

La tierra está con llanos y con cumbres;

lo tolerable al tiempo acomodemos,

y a su sazón hagámonos dos lumbres.

No curemos de andar tras los extremos,

pues dellos huye la filosofía

de los buenos autores que leemos.

El estado mejor de los estados

es alcanzar la buena medianía,

con la cual se remedian los cuidados.