Renovado presidencialismo

La historia del PRI abarca nueve décadas de existencia y casi 80 años de gobierno

Redacción

2019-07-01
Ciudad de México

La inminente renovación de la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) probará la hipótesis (basada en hechos ciertos e irrefutables) de varios analistas y la denuncia de connotados personajes de la política mexicana en el sentido de que la entrega del PRI al Ejecutivo Federal había sido pactada hace tiempo; la liquidación del partido comenzó con la entrega del gobierno del país a su principal adversario, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Nuestro reporte especial permite concluir que la entrega del poder, y próximamente del partido, fue acordada por los gobiernos saliente y entrante antes de los comicios del 1º de julio de 2018; a esto se debería la débil respuesta del partido entonces gobernante ante el feroz embate de su principal enemigo y el escaso apoyo que brindó a sus candidatos a lo largo de la campaña.

El hecho más importante en que se basa la hipótesis de esta segunda entrega es la coincidencia de grupos y personas que han aceptado y reconocido plenamente al Gobierno Federal y hoy brindan su apoyo a un “amigo” del Presidente morenista como candidato a la dirigencia nacional del PRI para el periodo 2019-2023.

La renuncia del doctor Narro Robles al PRI causó, entre viejos militantes del tricolor, agitación, revuelo y manifestaciones públicas de rechazo a esta política entreguista; estos actores condenan hoy la actuación de las cúpulas de su partido. Tal renuncia hizo hablar a importantes políticos, que lamentaron profundamente su salida y se solidarizaron con sus puntos críticos. El exrector de la UNAM denunció la promesa por parte de un “amigo” del Presidente de entregar muchos millones de pesos a la militancia priista a cambio de su apoyo, sin informar la procedencia de esos recursos.

La historia del PRI abarca nueve décadas de existencia y casi 80 años de gobierno, apenas interrumpidos por dos sexenios panistas; producto de la Revolución Mexicana, le correspondió la etapa de construcción de la nueva sociedad, en la que era necesario eliminar los restos del régimen anterior, creando las instituciones indispensables para ello. Su objetiva capitulación ocurre meses después de la derrota electoral del 1º de julio de 2018, cuando abandonó a sus propios candidatos a quienes no proporcionó los recursos necesarios para la campaña; como resultado de esto, no solo perdió la titularidad del Poder Ejecutivo, sino se convirtió en una ínfima minoría en el Congreso de la Unión, perdió un buen número de los congresos locales, gobiernos estatales y ayuntamientos; las cúpulas no dieron la batalla para convertirse en una verdadera fuerza opositora.

Hoy, los analistas políticos afirman que es inminente la entrega del PRI al ganador de las elecciones pasadas. De ser esto cierto, el partido que perfeccionara el presidencialismo estaría siendo víctima de sus propias contradicciones internas, estructura de grupos de poder y de su esencia como partido de la clase dominante, porque su vida interna estuvo siempre controlada por el partido gobernante, cuyo jefe político es el Presidente de la República. Con sus amigos en la dirigencia de los demás partidos, Morena regirá ahora la vida nacional, tal como lo hiciera el PRI desde su nacimiento hasta el último sexenio en que gobernó.