Reforma laboral misógina

Los más altos intereses de los trabajadores no son un asunto de género; una reforma laboral tiene que atender el interés de la clase obrera

Redacción

2019-06-24
Ciudad de México

Los más altos intereses de los trabajadores no son un asunto de género; una reforma laboral tiene que atender el interés de la clase obrera, de hombres y mujeres por igual; ambos géneros son explotados, privados de sus derechos y sometidos a leyes dictadas por órganos legislativos creados para mantener el orden de cosas existente. Hombres y mujeres padecen la contratación por outsourcing; ambos géneros laboran en la informalidad y carecen de prestaciones y salarios que les permitan sostener dignamente a su familia. La lucha obrera se desvirtúa, por lo tanto, al centrarse en el interés de un solo género.

Una reforma laboral que se ocupe solamente de las mujeres es sospechosa, porque a simple vista, en lugar de unir, divide en dos grandes grupos a la clase trabajadora. Hace algunos años que organizaciones políticas, partidos de “izquierda” y líderes feministas luchan por la igualdad de género en los órganos de gobierno, en el poder legislativo y en la dirigencia sindical; con sus avances nos echan humo a los ojos, impidiendo que nos demos cuenta de que en los puntos vitales la situación permanece igual, la ley no se modifica y a veces empeora; no hay ninguna reforma favorable para los obreros.

Tal es el caso de la conquista de la paridad de género en el Congreso de la Unión; sus promotores se desgañitan cuando claman por un número igual de mujeres y de hombres, como si la capacidad de legislar, de razonar, y enarbolar las demandas de los trabajadores dependiera de los órganos sexuales; o como si la paridad de género garantizara lo atinado de las resoluciones y no la inteligencia, la claridad y el interés de clase. El resultado de esta actitud conduce a otro tipo de desigualdad, a veces peor.

Ahora se cacarea el logro de seguridad social para las trabajadoras domésticas, hoy llamadas eufemísticamente “del hogar”; pero se guarda silencio en torno al hecho de que la reforma no se atrevió a plantear siquiera la eliminación del modo outsourcing de contratación, que no se luchó contra la informalidad y sus consecuencias y que los artículos más lesivos para los derechos laborales permanecen intactos. Se deja de luchar contra los responsables del acoso y la violencia contra las mujeres en los espacios laborales; se propone la “conciliación” por delitos sexuales en vez del castigo y la aplicación de las leyes existentes en la materia.

De éstas y otras deficiencias, torpezas o fallas de la Reforma Laboral, premeditadas por los representantes patronales del gobierno de la “Cuarta Transformación” habla el reporte especial de esta semana.

Si en la anterior LFT se atropellaban los derechos de la mujer, al dejar intacta su esencia, la presente es también una reforma laboral misógina.